Reseñas de traducciones LXI – «La importancia de llamarse Ernesto»

Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto (The Importance of Being Earnest); traducción del inglés realizada por Ana Isabel Perea, Madrid, Edimat, 2004, 129 pp., ISBN 978-84-9764-547-8

La importancia de llamarse Ernesto fue la última obra de teatro escrita por Oscar Wilde y también la última a cuyo estreno pudo acudir, antes de su encarcelamiento. No voy a extenderme en la historia de Wilde, porque ya hablé de él en la reseña de El retrato de Dorian Grey. Pero me gustaría volver a recalcar su ingenio en el uso de la ironía para criticar la sociedad que lo rodeaba, así como la inteligencia que desprenden sus obras. En esta ocasión, no voy a dejar la sinopsis, sino unas líneas de la contraportada que, a mi parecer, recogen toda la esencia de la obra. Mi recomendación es adentrarse a ciegas en la historia y descubrir el argumento a medida que se lee.

Argumento

Una comedia llena de ironía, diálogos rápidos e ingeniosos que concurren en el más atrayente de los absurdos.

Edición, traducción y estructura de la obra

No es la primera vez que leo una obra editada por Edimat, aunque sí se trata de la primera traducción que llega a mis manos de esta editorial. Como las experiencias anteriores fueron buenas, no dudé en comprar La importancia de llamarse Ernesto, traducida por Ana Isabel Perea. Sin embargo, he terminado decepcionada y asustada. La decepción viene porque no me ha gustado la traducción; me he encontrado con un texto en el que se abusa de los adverbios acabados en –mente (he llegado a contar tres seguidos en un mismo párrafo), que me hacen pensar en calcos. También tiene laísmos. A pesar de la fluidez de los diálogos, las frases pesan más de lo que deberían. Esta versión en español le ha quitado agilidad. No sé si es falta de corrección o simplemente una mala traducción. Por otra parte, lo de asustada se debe a que tengo otras dos obras traducidas de Edimat, que no quiero leer por miedo a que sean de la misma calidad. No he encontrado información sobre la traductora, solo otra traducción de una antología de Oscar Wilde, editada también por Edimat, que contiene títulos como El retrato de Dorian Gray, El fantasma de Canterville o De profundis.

En cuanto a la estructura externa, incluye una introducción de Rocío Pizarro, que me ha gustado mucho, una lista de personajes y los tres actos que componen la comedia. Hay registradas 33 ediciones en español. Tenéis donde elegir.

Sin abandonar el tema de la traducción, me gustaría señalar que esta obra debe ser compleja de trasladar a otro idioma, por la cantidad de dobles sentidos que utilizó Wilde cuando la compuso. La base del argumento está en la ambigüedad fonética del título original. En inglés, la palabra earnest (serio, formal) suena igual que el nombre Ernest (Ernesto). Así pues, la traducción literal de The Importance of Being Earnest es La importancia de ser formal. Sin embargo, el título en español pierde toda la confusión que ocasiona el inglés. Esto ha dado lugar a varias versiones de la misma obra. Si no la habéis leído, seguramente estaréis pensado qué tiene que ver aquí el tal Ernesto. Pues bien, es el nombre en torno al cual gira la historia, por lo que no se puede omitir. Una buena opción es utilizar un nombre que en español genere una confusión parecida, como ha ocurrido con una de sus últimas adaptaciones: La importancia de ser Franco, traducida por Patricia Labastié. Si os interesa el tema, os recomiendo este artículo de María Ester Lammertyn, en la revista Transfer. Pero os aconsejo leerlo después de haber leído la obra, ya que describe situaciones concretas de la trama.

Opinión

Recomiendo esta obra. La recomiendo mucho. Es divertida e ingeniosa y, aunque al principio parece humor absurdo, poco a poco el lector se da cuenta de la crítica tan inteligente que hace Wilde. El nudo de la historia es una clara risotada del autor en la cara de las imposturas de la sociedad victoriana, los personajes son caricaturescos y el final, maravilloso. Una comedia muy divertida, ligera y (solo en apariencia) sencilla. Creo que es una buena opción para empezar con Oscar Wilde.

Reseñas de originales XXVIII – «Where I’m Reading from»

Tim Parks, Where I’m reading from; Londres, Vintage, 2014, 255 pp., ISBN 9781784701796

Where I’m reading from es una recopilación de ensayos sobre literatura y el mundo del editorial, escritos por Tim Parks (1954). Primero fueron escritos para el New York Review of Books y, posteriormente, fueron reunidos en un solo libro, que en español se puede encontrar con el título «Desde aquí leo». Tim Parks es escritor, traductor y profesor de Traducción en la Universidad de Milán. Además de ensayos, escribe también novelas de ficción. En esta colección de artículos habla de todo lo que rodea al libro sin pelos en la lengua y desde su propia experiencia.

Argumento

In this collection of lively and provocative pieces, Tim Parks talks about what readers want from books and how to look at the literatura we encounter in a new light.

Edición, traducción y estructura de la obra

La edición que yo tengo es en tapa blanda y de un tamaño muy manejable. Cuenta con una introducción, seguida de cuatro partes que se dividen en varios artículos. Son piezas cortas, de cuatro páginas como mucho, que se leen muy rápido. Al final, tiene un índice con los nombres de todos los escritores, lingüistas, psicólogos y profesionales del mundo editorial que nombra a lo largo del libro. Aparecen por orden alfabético y con las páginas en las que están nombrados.

Opinión

Yo lo catalogaría como un libro de consulta. Después de leerlo, el resultado ha sido un libro subrayado, anotado, con partes traducidas y con párrafos enteros enmarcados. No sabía que existía Tim Parks y ahora quiero leer todos los ensayos que ha escrito. Al tener experiencia en el mundo literario, ha visto y vivido muchas situaciones que cuenta sin preámbulos. Es un libro muy documentado lleno de preguntas. Sí, de preguntas. Me ha hecho cuestionarme cosas como ¿por qué me gustan unos libros y otros no? ¿Somos adictos a los finales? ¿Es lícito dejar un libro a medias? ¿Hay escritores que escriben solo por dinero? Estas cuestiones y otras muchas son las que desarrolla Parks a lo largo de todo el libro. Relaciona los gustos literarios con la educación familiar de cada uno, pone en tela de juicio la necesidad de los premios literarios, los derechos de autor y explica de manera clara cómo afecta la traducción a los originales. Aunque hay partes en las que no coincido con su opinión (ya que no podemos olvidar que él habla desde su propia experiencia), he aprendido mucho leyendo este ensayo.

Por otro lado, es un libro demasiado técnico en algunas ocasiones y me he perdido varias referencias a autores y obras que no conocía. Sin embargo, esto se compensa con unas explicaciones muy fluidas, llenas de ejemplos y anécdotas del propio autor como profesor en la universidad. A mí me ha parecido un libro interesantísimo, al que estoy segura de que volveré más de una vez. Y, como dije al principio, leeré otros de los ensayos de este escritor (ya le tengo echado el ojo a uno centrado en la traducción).

La verdad es que no es un libro para todo el mundo. Como siempre ocurre con la no-ficción, tiene que gustarte el tema que trata. En este caso, lo recomiendo para personas a las que les encante la metaliteratura. Aunque quizá la primera parte, mi favorita, pueda ser del gusto de la mayoría, ya que está centrada por completo en el tema del libro

Reseñas de traducciones XXXIV – «Mujercitas» no me ha gustado

Louisa May Alcott, Mujercitas (Little women); traducción del inglés realizada por E. M., Barcelona, RBA, 2020, (Novelas eternas), 311 pp., ISBN 978-84-1329-225-0

Imagen: RBA

Mujercitas es una novela escrita por la estadounidense Louisa May Alcott, en 1868. No se trata de su primera obra, ya que la autora ya había publicado algunos relatos, cuentos y novelas bajo diferentes seudónimos. Fue una historia que le encargó su editor, que quería una novela para jovencitas, por lo que tuvo que seguir unas reglas marcadas previamente. Si partimos de la base de que Alcott estaba a favor de la libertad y el poder de las mujeres (apoyaba el sufragismo), quizá cometáis el mismo error que yo: pensar que es una novela sobre cuatro hermanas que revolucionan por completo la historia por romper con las normas establecidas. Pero, desde mi punto de vista, no es así. Mujercitas cuenta la vida cotidiana de las hermanas March, cuya benevolente madre les indica el camino correcto para llegar a ser mujeres buenas que no demuestren su carácter y que no olviden sus trabajos domésticos. En medio de esta trama, se puede ver cómo la autora suelta pequeñas píldoras a favor de la libertad femenina y su poder de decisión, pero nada escandaloso. Aunque al tratarse de mediados del siglo XIX seguramente esto supuso toda una rebelión. Hecho que aprecio y le reconozco a Louisa May Alcott, cuya vida es el reflejo de una mujer luchadora y defensora de los intereses de la mujer.

Argumento: «Meg, Jo, Beth y Amy son cuatro hermanas que viven con su madre y que deben enfrentarse a los retos de crecer en un mundo marcado por la guerra y las dificultades. Aunque tienen personalidades muy distintas, el estrecho vínculo que las une las hace inseparables».

La edición que tengo pertenece a las «Novelas eternas» de RBA, la misma que la de Cumbres borrascosas. Además de preciosa por fuera, lo es por dentro. La traducción ha sido cedida por Molino y, por lo que he podido averiguar, fue publicada en 1984. El único dato que ofrecen en la BNE sobre la traductora o traductor son las iniciales E. M. Un poco triste, ya que desde mi punto de vista la traducción está bien hecha y merece ser reconocida. Quizá sería necesaria una revisión para actualizarla, pero en general es correcta. Actualmente, existen 153 ediciones registradas, contando con las reediciones. El libro tiene veintitrés capítulos, que son cortitos y le dan fluidez a la lectura.

Me ha parecido una historia plana, sin ninguna acción y cuyo único nudo consiste en que las hermanas se desvían, de vez en cuando, del camino de la pureza y bondad femeninas. El principio de libro se me hizo tedioso, porque se repite demasiado lo buenas y generosas que son (literalmente, que son ángeles). También me cansaba que las protagonistas no pararan de «regañarse» y auto-compadecerse porque o una era muy torpe, o la otra tenía mal carácter, la otra era demasiado vanidosa… En general, me ponía nerviosa y creo que la bondad descrita en este libro es forzada y exagerada. A veces, da la sensación de estar escrito para aleccionar a señoritas de la época (hecho que, casi con total seguridad, pretendía el editor que encargó la obra). En cuanto al personaje de Jo, me esperaba otra cosa. En unos capítulos parece ser una auténtica rebelde feminista, pero en otros una egoísta caprichosa. A lo largo de toda la historia, no he conseguido entenderla y me ha parecido una contradicción.

Por otro lado, hay que tener en cuenta, como he dicho en la introducción, la época en la que se escribió. Valoro mucho a la autora y su manera de escribir, ya que ella quería escribir otro tipo de historia, pero al no permitírsele salir del género de la «prosa doméstica», hizo lo que pudo. Se ciñó a las pautas que le marcaron pero quiso dejar entrever sus propios valores, así que creo que de ahí vienen las contradicciones a las que me refiero. A modo de conclusión, Mujercitas no ha sido un libro para mí. Lo único que me ha gustado han sido algunos buenos valores que transmite (el valor de las pequeñas cosas, el amor de la familia o que el dinero no da la felicidad) y los intentos de la autora por romper un poco las normas. A pesar de todo, no puedo dejar de recomendarlo ya que depende del gusto personal y la manera en que se entienda depende mucho de cada persona. Próximamente, RBA sacará la segunda parte, Aquellas mujercitas, que leeré para saber cómo termina la historia de las hermanas March. Por curiosidad, más que otra cosa, y con la esperanza puesta en que sea algo más ameno.

Reseñas de traducciones XXXI – «Los mitos de Cthulhu»

H. P. Lovecraft, Los mitos de Cthulhu (Cthulhu Mythos); traducción del inglés realizada por Yenis Ochoa, Barcelona, Brontes, 2018, (Clásicos Fontana), 156 pp., ISBN 978-84-15605-40-9

Imagen: Librería Pensar

Creo que sobra explicación alguna sobre quién es H. P. Lovecraft, pero por si acaso, os dejo el enlace de la reseña de El caso de Charles Dexter Ward, en la que hablo del autor. Los mitos de Cthulhu son un conjunto de relatos de terror cósmico, escritos entre 1921 y 1935, que el autor dejó antes de morir. Fue su amigo, August Derleth, quien se hizo con los derechos y escogió el nombre de «Cthulhu», aunque el panteón de criaturas demoníacas del mundo creado por Lovecraft es mucho mayor. El ciclo narrativo original se compone de trece historias, aunque esta edición solo contiene una selección de cuatro: «El color que cayó del cielo», «El horror de Dunwich», «La ciudad sin nombre» y «La llamada de Cthulhu». Las historias mezclan un mundo existente en un plano cósmico que no vemos y un monstruo gigante que llevan a la locura a los seres humanos.

El libro es muy pequeño, manejable y de tapa blanda. Tiene un estudio preliminar sobre el autor y su obra, escrito por Francesc Lluis Cardona (un prologuista, al parecer, asiduo en esta editorial ya que El arte de la guerra también lo prologó él). La edición tiene errores, pero no se lee mal del todo. Aunque para mi gusto, se abusa del adverbio «ciertamente» y otros con la misma terminación, por lo que ralentiza un poco la lectura. La traducción está hecha por Yenis Ochoa. No había leído nada antes de esta traductora, pero constan veintinueve obras traducidas por ella, todas de la editorial Brontes y realizadas entre el 2015 y el 2017. Algo un poco extraño, porque o eres una máquina de traducir o no has dormido durante esos dos años de tu vida. Pero bueno, ese es otro tema. Por si os interesa, hay otras ediciones de esta obra, de la mano de Edaf y Alianza; pero no sé si incluyen todos los relatos o solo una selección como en esta de Brontes.

La obra en sí me ha gustado. Mis relatos favoritos han sido «La ciudad sin nombre» y «La llamada de Cthulhu», ya que en ellos veo mejor reflejada la mano de Lovecraft que en los demás. Los otros dos están bien pero no me han enganchado tanto. Es un libro entretenido que recomiendo para iniciarte con Lovecraft. Es corto y se lee bastante rápido, aunque al no ser una historia continua, me ha costado volver a meterme en la obra cada vez que empezaba un relato nuevo. Quien haya leído a este autor sabrá que sus descripciones son larguísimas, pero yo lo aviso por si acaso, ya que hay gente que se cansa con este tipo de narrativa. No ha superado a la primera obra que leí del autor (El caso de Charles Dexter Ward), pero sin duda seguiré leyendo historias de este universo de horror cósmico tan bien construido.

Reseñas de traducciones XXVIII – «Los errantes»

Olga Tokarczuk, Los errantes (Bieguni); traducción del polaco realizada por Agata Orzeszek, Barcelona, Anagrama, 2019, (Panorama de narrativas), 400 pp., ISBN 978-84-339-8053-3

Imagen: Anagrama Editores

Los errantes es la obra, escrita en 2007, que le dió a Olga Tokarczuk el premio Man Booker en el 2018. Esta escritora polaca es, además, poeta y psicóloga. Ejerció como psicoterapeuta pero abandonó la profesión cuando sus obras comenzaron a ganar fama. En la actualidad, también es profesora de escritura creativa. Algunas de sus obras son La ciudad en los espejos (1989), Un lugar llamado antaño (1996), Concierto de varios tambores (2001) o A través de los huesos de los difuntos (2009). Tardó tres años en escribir Los errantes; ella misma afirma que lo hizo mientras estaba de viaje, pero no se trata de un libro de ese estilo, no hay descripciones de lugares ni monumentos, solo experiencias propias o ajenas que le fueron relatadas mientras se movía de un lado a otro.

Argumento: «Una novela única, ligera y honda a la vez, que indaga en las posibilidades del género para hablar sobre el cuerpo, el mundo y las estrategias siempre insuficientes con que intentamos cartografiarlos. Este es un libro inquieto e inquietante, hecho de “historias incompletas, cuentos oníricos” subsumidos en un libérrimo cuaderno de viaje a base de excursos, apuntes, narraciones y recuerdos que muchas veces tienen como tema el viaje mismo: así, el relato de Kunicki, que tendrá que enfrentarse a la desaparición de su esposa y su hijo, y a su reaparición enloquecedoramente enigmática. O el de Annushka, obsesionada por comprender los incomprensibles juramentos que profiere una pedigüeña. Y también el relato real de cómo el corazón de Chopin llegó a Polonia escondido en las enaguas de su hermana; o el del anatomista Philip Verheyen, que escribía cartas a su pierna amputada y disecada; cartas como las que le mandaba Josefine Soliman al emperador de Austria para recuperar el cuerpo de su padre, disecado como la pierna de Verheyen e infamantemente expuesto en la corte donde había servido en vida».

La edición en español salió en 2019, de la mano de la editorial Anagrama. Seguramente, gracias a que la autora fue premiada con el Nobel de Literatura de 2018. Está incluida en la colección «Panorama de narrativas». La obra se compone de 116 relatos, escritos de seguido, sin separación de capítulos, partes o páginas. La única marca del cambio de relato es el título que lo precede. Además, incluye imágenes y mapas, cuyo índice está al final del libro junto a la lista completa de los relatos y el itinerario del viaje que narra la escritora. En cuanto a la traducción, es muy buena. No sé polaco y tampoco había leído nada traducido de esta lengua, pero lo que os aseguro es que el texto en español es fluido, sin expresiones raras y con las voces de los narradores y personajes muy bien definidas. La traductora, Agata Orzeszek, además de trasladar al español obras polacas y rusas, es profesora de literatura rusa en la Universidad Autónoma de Barcelona. En el registro de datos de la BNE aparecen diez obras traducidas por ella. Creo que estamos muy acostumbrados a los traductores del inglés, pero deberíamos valorar también a las personas que nos acercan textos en lenguas lejanas y más complejas. Cada país tiene una literatura propia y sería una pena que no pudiéramos acceder a ella por las barreras idiomáticas. Una vez más, gracias, traductores del mundo.

Es un libro con un estilo con el que no me había topado antes. Lleno de relatos, algunos incompletos o con un final que te deja loca; además, se supone que son historias aisladas, pero cuando terminas te das cuenta de que tienen una conexión, aunque no aparezca de manera explícita, gracias a la experiencia personal de la autora. Lo recomiendo mucho, porque es una lectura ágil y diferente. Me ha gustado mucho, se lee rápido y, aunque me costó coger el hilo al principio, cuando leí el relato de Kunicki me enganché del todo. Precisamente la historia de este personaje es una de mis favoritas, además de «Viaje a las raíces», «El libro de la infamia» e «Irkutsk-Moscú». El que menos me ha llamado la atención ha sido el relato del Doctor Blau, quizá por ser demasiado grotesco para mi gusto. A excepción de algunas historias contadas por un narrador omnisciente, la mayoría están narradas por una voz en primera persona, con la que se pueden apreciar trazos autobiográficos. Por ponerle una pega, diría que es algunas ocasiones es demasiado descriptivo cuando se habla de la disección de partes del cuerpo o autopsias. Me creó una sensación de curiosidad y desagrado al mismo tiempo. La verdad es que es muy interesante y la autora tiene una forma bastante peculiar de ver el mundo y entender el tiempo.

Reseñas de originales XVI – «Verba», un libro con protagonistas traductores

José García Ortega, Verba; Madrid, Atlantis, 2013, 390 pp., ASIN B00L6WRE2S

Verba es la primera y única novela (por ahora) del barcelonés José García Ortega. Estudió Filología Hispánica, lo que le permitió obtener los conocimientos lingüísticos e históricos que ha desarrollado en esta novela. Además de escribir, es docente, investigador documental y trabaja para el sector de la automoción. El tema central del libro es el misterio que deben resolver sus protagonistas, pero aparecen un montón de referencias históricas que no tienen desperdicio.

Argumento: «En 1504, cuatro Grandes Maestres de cuatro Grandes Órdenes reciben las cuatro partes de un extraño acertijo que deben resolver, para acudir a una reunión secreta. Más de quinientos años después, una pareja de traductores recibirá el encargo más misterioso y mejor pagado al que se hayan enfrentado jamás: descifrar el mensaje que se esconde detrás de los fragmentos de un Mezzo Incastrato oculto en originales de la Grammática de Nebrija. Ayudados de un sabio anticuario, una audaz empresaria y un documentalista con contactos, los traductores, convertidos en osados investigadores, tratarán de resolver el misterio antes de que lo hagan los secuaces de un corrupto político».

Lo he leído en formato digital y no sé muy bien cómo se estructuran los capítulos en el libro físico. En Kindle aparecen con un número pequeñito en la esquina superior izquierda. En total, son cincuenta y ocho, pero no son muy largos y la pluma de García Ortega es fluida, así que no se hacen pesados. En cuanto a la estructura interna, la obra se divide en dos líneas temporales: el presente y el siglo XVI, ambos narrados con un narrador omnisciente.

En cuanto vi que los protagonistas eran traductores supe que tenía que leer este libro. Después, cuando leí la sinopsis ya terminó de conquistarme. Ha sido una lectura intensa; no podía parar de leer. El misterio que rodea el encargo que reciben los traductores me tenía en vilo y engancha mucho. La verdad es que contiene escenas bastante duras; las  descripciones de los ataques, torturas y violaciones son muy gráficas. Aún así, no son muchas y merece la pena pasar por el mal trago. Lo que más me ha gustado ha sido las referencias a Antonio de Nebrija y su obra, así como el hilo temporal medieval. Hay que destacar que, en cada uno de los tiempos, el narrador usa un lenguaje distinto; esto ayuda a diferenciar aún más las dos partes de la historia y a meterme de lleno en el ambiente que te está describiendo. Además, el autor escribe muy bien y se notan los conocimientos que tiene en cada frase del libro. Por otro lado, lo que menos me ha gustado ha sido el final… Me da la sensación de que está inacabado, o hecho con prisa. Creo que se le da mucho bombo al asunto durante el desarrollo y cuando llegas al desenlace te quedas igual que estabas. Con ganas de que te revelen otra cosa. Desde luego, para mí, no es el final que se merece esta historia. Pero recomiendo su lectura a todo aquel que le guste el género histórico o que le llamen la atención los temas lingüísticos.

Reseñas de traducciones XXIV – «El Arte de la guerra»; buena obra, mala edición

Sun Tzu, El Arte de la guerra (孫子兵法); traducción del chino realizada por Elisabeth Courbet, Barcelona, Ediciones Brontes, 2009, (Fontana), 151 pp., ISBN 978-84-96975-33-0

En esta ocasión, no va a ser necesario que os haga una introducción de la obra y el autor, ya que la editorial ha decidido (muy amablemente) que iba a realizar dicha labor en la sinopsis de libro. Aquí os la dejo:

«El Arte de la guerra, del tratadista chino Sun Tzu, es considerado según los expertos como el manual más antiguo de esta temática conservado, pues sitúan su redacción ente los siglos VI y V a.C. La obra va más allá de ser un tratado de ciencia militar para convertirse en un excelente manual de Ciencia de la Administración y Control de la Gestión que no desmerecería, en la actualidad, de los planes de cualquier Estado Mayor moderno. La lectura de El Arte de la guerra fortalece, todavía más, la extraordinaria consideración que sobre el pueblo chino poseíamos, como protagonista de la Historia de la Humanidad: pólvora, brújula, imprenta…»

La obra en sí, me ha gustado. La edición y el estilo, no tanto. Pero vayamos por partes. En cuanto al argumento del libro, era más o menos lo que me esperaba. Un tratado militar pero que puede extrapolarse a muchos campos sociales. Contiene una sabiduría y conocimientos muy valiosos, no te dejan indiferente. Estoy de acuerdo en que es una lectura obligada para cualquier jefe de equipo en una empresa; para dirigentes y emprendedores que quieren conseguir su objetivo. El Arte de la guerra es un clásico que no tiene desperdicio. Respecto al estilo, aquí vienen las críticas negativas (pero no para el pobre Sun Tzu). Creo que el prólogo está demasiado recargado; es una narración repleta de inversiones sintácticas innecesarias y abuso de las comas, lo cual le resta fluidez. El tratado está en forma de lista, algo que ayudaría a que se leyera rápido si no fuera por los añadidos posteriores. Se trata de una especie de aclaraciones de los puntos que contienen un sinfín de nombres de maestros e historiadores chinos y que dicen lo mismo diez pares de veces. Me parece bien que se expliquen los puntos más complejos, pero con profesionalidad, no con un corta-pega. Dichas aclaraciones me han desconcentrado a lo largo de la lectura. Tampoco me queda muy claro si las ha añadido el autor del prólogo o es que la obra incluye también una traducción de las apostillas. También hay que añadir las incoherencias de registro que he encontrado. Estás leyendo un tratado militar, con términos específicos y registro elevado y, de repente, lees que las armas no se pueden utilizar «a tontas y a locas» o que en el combate hay que «entrar a saco». No sé a vosotros, pero a mí esos cambios me chocan.

Por otro lado, el formato del libro es perfecto. Es de tapa blanda, pequeño y super manejable. El diseño de la cubierta es sencillo y el interior está muy bien organizado. Tiene un índice al final, que te ayuda a ver de un golpe todas las partes del tratado. Consta del prólogo, escrito por Frances Ll. Cardona, catedrático y Doctor en Historia, seguido de trece partes. Sin embargo, tal y como he dicho más arriba, la edición está muy poco cuidada. Tratándose de una re-edición actual, de una obra que esta editorial publicó por primera vez en 2009, debería haber pasado por un proceso exhaustivo de corrección y haberse solventado, así, la mayoría de las erratas que contiene. Más aún, si tenemos en cuenta que tanto el prólogo como la traducción (de Elisabeth Courbet) fueron publicados en el año 1999, por la editorial Edicomunicación. ¿Debemos deducir que Ediciones Brontes ya obtuvo los derechos de este texto con erratas, o que fue en su proceso editorial cuando aparecieron? Misterios sin resolver. En cuanto a la traductora, no he podido averiguar nada en absoluto. La única referencia que aparece sobre ella es haber realizado esta traducción. No sé con seguridad si tradujo el texto directamente del chino, pero en la página web de Agapea (https://www.agapea.com/libros/El-arte-de-la-guerra-9788496975330-i.htm) se especifica que el libro está traducido de su idioma original.

En fin, lo barato sale caro. Compré el libro a un precio muy bajo, pero porque era una Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Supuse que era de segunda mano o alguna edición antigua. Para mí, no es justificable que un libro salga así al mercado y se agarre a su bajo precio. Prefiero pagar un poco más y poder leer una obra limpia y pulida; sin faltas de ortografía ni errores que me hagan enfadarme en cada párrafo. Tengo otro libro de la misma colección y tengo miedo de leerlo por si me encuentro lo mismo. Si queréis leer El Arte de la guerra, os recomiendo que busquéis otra edición que no sea esta. En el Banco de Datos de la BNE aparecen sesenta y siete diferentes. Todas ellas se han publicado con distintos formatos y traducciones de varios profesionales. Por lo tanto, tenéis donde elegir.

Reseñas de traducciones XXII – Safo; no creo poder tocar el cielo con las manos

Safo, No creo poder tocar el cielo con las manos; traducción y selección realizada por Pau Sabaté, Barcelona, Penguin Random House, 2017, (Poesía portátil), 68 pp., ISBN 978-84-397-3317-1

«Safo, considerada la Décima Musa por Platón, la poetisa más antigua de la historia europea nació en Lesbos, probablemente en Mitilene, la ciudad más importante de la isla, en torno al 600 a. C. Su padre se llamaba Scamandro, Cleide la madre. Se casó y tuvo una hija. Aparte de estos datos poco sabemos de la vida de Safo, excepto que giraba en torno a un exclusivo círculo de amigas. Su poesía, destinada a ser cantada con el acompañamiento de la lira o algún otro instrumento de cuerda, surge en buena medida como correlato a la “casa de las servidoras de las Musas”, asociación femenina dedicada al culto a Afrodita que la poetisa dirigía. La obra de Safo es una de las cumbres de la poesía universal de todos los tiempos, y entre sus admiradores se cuentan autores del renombre de Platón, Petrarca, Ronsard, Leopardi, Byron o Rilke».

Esa es la breve introducción que hay en la primera hoja de esta preciosa antología poética. Se trata de una colección y traducción inédita de la poetisa griega más importante de su tiempo. Pau Sabaté es traductor del griego antiguo y moderno, y lo hace al español y al catalán. Además de esta, otra obra importe suya es L’enemic de la barba (Juliano el Apóstata, 2016).

Yo no suelo leer poesía, pero la vi a muy buen precio y me decidí a comprarla. Y no me arrepiento para nada. Es una edición cortita y super fácil de transportar. De tapa blanda, con una cubierta que me encanta. Me la terminé en un santiamén. Como se puede llevar a todas partes, lo leí mientras esperaba mi turno para hacer papeleo. Solo conocía a Safo de oídas, nunca me había parado a leer ninguno de sus poemas, pero me ha gustado. Son estrofas cortitas, no más de una carilla, que tratan el culto a la diosa Afrodita y, sobre todo, al amor. Dedica sus poemas a sus amantes, a la luna, a la belleza, etc. El trabajo que ha hecho Pau Sabaté me parece exquisito. En cuanto a la traducción, no sé si es fiel o libre; es muy difícil comprobar si ha sido traducido de un original de Safo o de alguna copia. Pero es lo que pasa siempre con este tipo de obras tan antiguas. Se conservan solo algunos retazos originales; el resto son copias de copias, traducciones de traducciones. Al final, al igual que ocurre con La odisea de Homero, no estás leyendo al autor original, sino la versión que hace el traductor. Con respecto a esto, no me parece mal siempre y cuando se note el cuidado y la investigación adecuados en la traducción. Tampoco es que existan muchas más alternativas. No podemos volver atrás en el tiempo y coger los manuscritos de Safo; solo nos queda confiar en las manos de los traductores y disfrutar de su poesía.

Traducción literaria VI – ¿Por qué literaria y no de otro tipo?

La entrada de este jueves va a ser la más personal. Me gustaría contaros un poco cómo me topé con este mundillo y cómo he evolucionado. Recuerdo que comencé a interesarme por el mundo de la traducción cuando tenía catorce o quince años. Desde entonces, supe que quería formarme como traductora y trabajar de ello. Pero la verdad es que no conocía nada acerca de ese mundo, ni su repercusión, ni las diferentes variedades de traducción que existían. Cuando llegué a la carrera, los dos primeros años fueron una transición un poco extraña, tenía los medios delante pero no sabía muy bien de qué iba la cosa. Pero el penúltimo año, descubrí mi pasión, gracias a una asignatura llamada «Traducción Humanística».

La materia consistía en traducir desde textos humanísticos, hasta poemas y novelas. Entonces, sin darme cuenta, me estaba interesando cada vez más y más. Buscaba los fragmentos que nos daba el profesor, para saber a qué obra pertenecían. Contrastaba con las traducciones que ya existían y las comparaba. Además, lo disfrutaba muchísimo. Había encontrado, por sorpresa, una parte de «mi futuro trabajo» que se relacionaba directamente con una de mis mayores aficiones: la lectura. El maravilloso hábito de leer me lo enseñó mi padre desde bien pequeña y, la verdad, es que nunca me pareció tedioso o aburrido. Eso sí, no soportaba las lecturas impuestas por el colegio. Jamás he entendido por qué no daban una lista de opciones para elegir y que cada alumno desarrollara su gusto por la lectura de manera independiente.

Pero volvamos al centro de la cuestión. Cuando me gradué, me fui a vivir al extranjero durante un tiempo y, mientras tanto, pensar qué hacer o cómo continuar con mi carrera. Sabía perfectamente que la traducción que da de comer es la técnica (o especializada) y, con muchas posibilidades, la que tiene que ver con la informática y las páginas web. Pero nunca me había llamado la atención. Yo quería traducir libros. Así que, contra todo lo que me decía mi cabeza (la traducción literaria es la peor pagada y la más ingrata de todas las traducciones del mundo) estudié un Máster en Traducción Literaria y me especialicé. Y no me arrepiento de nada. Lo disfruté mucho y sigo haciéndolo a día de hoy. Eso sí, al menos por ahora, no ejerzo de traductora. Tengo un trabajo relacionado con los idiomas, pero nada que ver con la traducción.

Sin embargo, si me preguntaran si lo estudiaría de nuevo, mi respuesta sería afirmativa. De hecho, sigo formándome, investigando, haciendo cursos. No me he separado de la traducción ni por un momento. Así a todos aquellos que estén dudando, los animo. Haced lo que os haga felices aunque el resultado no sea inmediato. La vida es una carrera de fondo. Es posible que solo nos llevemos lo aprendido (que ya es mucho), pero también cabe la posibilidad de que algún día veamos nuestro nombre en la portada de un libro.

Traducción literaria V – ¿Es posible la traducción de la poesía?

El mes pasado publiqué una entrada en la que me planteaba esta misma pregunta, pero en todos los ámbitos de la traducción. Si no la habéis leído, os dejo el enlace aquí. Mientras escribía sobre ese tema, me di cuenta de que al llegar a la poesía, tenía mucho más que decir. Así que para que no me quedara una entrada demasiado larga, decidí que iba a dedicarle un jueves a la traducción de la poesía.

Como todo en la vida, no conoces la dificultad de algo hasta que no te enfrentas a ello. Yo me di cuenta de que la poesía era intraducible la primera vez que tuve delante un poema en inglés: un soneto de Shakespeare. Recuerdo que fue durante la carrera, en la asignatura de Traducción Humanística, cuando el profesor decidió dedicar una parte de la materia a la traducción de la poesía. Antes de que nos pusiéramos manos a la obra, nos advirtió de que no había técnicas concretas para traducir poemas. Lo que sí había eran dos opciones: transmitir el sentido o transmitir la forma; conseguir ambas es un reto que a día de hoy, desde mi punto de vista, sigue sin alcanzarse.

Otro aspecto importante es que, para traducir poesía, no tienes que ser solo traductor literario, sino que tienes que ser poeta. No es lo mismo que trasladar un texto en prosa de una novela, un ensayo o un artículo de un periódico. Un poema va más allá que todo eso; transmite sentimientos y pensamientos de manera indirecta, sin decirlo claramente. Es muy difícil llegar a trasladar eso a otro idioma, puesto que el autor del poema original ha transformado y estrujado su lengua para contar lo que quería contar. Mucho significado en muy pocas líneas, con numerosos recursos. Aún así, no todo el mundo tiene la suerte de poder leer en todas las lenguas del mundo. Y es una pena que algunas joyas de la poesía no lleguen a las manos de todos los que quieran leerlas. Por ello, considero que la labor del traductor de poesía es indispensable e incuestionable. Aunque no consiga el mismo texto que el autor original, solo con que haga llegar una parte de la belleza de un poema a los lectores de otra lengua, ya ha merecido totalmente la pena. Animo a todos los traductores del mundo a que sigan traduciendo poemas, decantándose por la opción o técnica con la que trabajen mejor. Que se traduzcan poemas mejor o peor, ¡pero que nunca cesen de ser traducidos!

Hay un breve estudio muy interesante, escrito por Alicia Silvestre Mirales en el 2008, al que tenemos acceso gratuito gracias al Centro Virtual Cervantes. El estudio se titula La traducción poética, un reto posible y en él se pueden leer verdades como: «Es fundamental que el traductor parta de una base realista: no existe la traducción perfecta. La traducción es en esencia una traición a la verdad manifestada y, como tal, no puede reproducir el original. Hemos de saber que, en el mejor de los casos, vamos a tener que sacrificar algo, sea la rima, una aliteración, un doble sentido, el ritmo, o la belleza de una palabra». Desde mi punto de vista, no ha podido explicarlo mejor. Me parece una reflexión perfecta, así que os dejo las palabras de Alicia como un cierre estupendo para la entrada de hoy.