La mujer en la literatura VI – Las heroínas

Por suerte, en la literatura de todas las épocas (incluso en las que la sociedad no lo permitía) han existido mujeres luchadoras y valientes, capaces de enfrentarse al sistema que y actuar a su manera. Protagonistas que han llegado hasta nuestros días y que todos conocemos. Algunos nombres que os vendrán a la cabeza son Anna Karenina, Madame Bovary, Fortunata, Jane Eyre, Hermione… No me he leído todos esos libros así que, aunque su papel de heroínas es indiscutible, hoy voy a hablaros de las protagonistas de libros que sí haya leído; en concreto, de mis cuatro heroínas favoritas. El orden en el que aparecen en la lista no es de mayor a menor importancia, o viceversa. También debo informar de que las descripciones de las heroínas pueden contener información relevante de la trama de la novela.

– Francesco del Cossa (How to be both; Ali Smith, 2014): ¿Pero no estábamos hablando de mujeres? ¿Francesco? Sí, Francesco del Cossa. Una mujer que fue criada como un hombre, por su padre, desde su infancia. En pleno Renacimiento italiano, esta niña tuvo que esconder su género para poder triunfar en el mundo de la pintura y llegar a ser un pintor de renombre. Sin duda, Francesco tuvo un gran impacto en mí cuando leí la novela de Ali Smith, puesto que me parece un acto detestable, por un lado, pero a la vez valiente. De hecho, llega un punto en la novela en que Francesco no tiene género definido, un tema que hoy en día está muy poco explotado en la literatura y que es muy interesante. Si queréis leer la reseña de How to be both, os dejo el enlace aquí. Si os gusta leer en inglés, es un libro que no podéis perderos, solo por conocer a Francesco.

– Julia Domna (Yo, Julia; Santiago Posteguillo, 2018): Sin duda, mi querida Julia no podía faltar en esta lista. Una protagonista de diez. Con sus virtudes y sus defectos, que no se molesta en esconder. Desde mi punto de vista, es la más humana de todas. También ayuda que el personaje existió de verdad, lo que lo hace mucho más creíble. Julia Domna sabe lo que quiere desde el principio y no para hasta conseguirlo. Un ejemplo a seguir en cuanto a perseverancia y decisión inquebrantable. Le vuelvo a dar las gracias al autor, Posteguillo, por darle voz a esta maravilla de mujer. Podéis pinchar aquí para leer la reseña.

– Katniss Everdeen (Los juegos del hambre; Suzanne Collins, 2008): Creo que no hay nadie, dentro del mundo literario juvenil, que no conozca a la gran Katniss. La fuerza de este personaje me marcó muchísimo cuando leí la trilogía. Es una de las protagonistas con la que más empatía llegué a sentir; experimenté sus penas, alegrías, miedos y esfuerzos. También ayuda que la historia y su contexto no tienen parangón. Al menos para mí, fue y sigue siendo la segunda mejor distopía que he leído (la primera es 1984, de George Orwell). Katniss da la cara (y la vida) por los suyos, sin importarle las consecuencias. Y tampoco se vende o se deja engañar. Es super inteligente y sabe explotarlo para conseguir cambiar el mundo en el que vive.

– Elizabeth Bennet (Orgullo y prejuicio; Jane Austen, 1813): Quizá una de las damas más conocidas de la literatura del siglo XIX. Lizzy Bennet es la única mujer que parece darse cuenta de la falsedad y los prejuicios de la sociedad inglesa de la época. De que las diferencias entre clases solo le hacen daño a la gente y de que la mujer vale más que una casa bonita y una renta. Con sus constantes juicios y críticas al señor Darcy y a sus amigos, nos transmite su opinión sobre lo que la rodea. Se niega a ceder a los encantos del galán y muchísimo menos se deja impresionar por sus posesiones. Lo obliga a perseguirla sin parar, dando lugar a un personaje femenino que ha llegado hasta nuestros días con la misma fuerza que cuando se publicó.

La mujer en la literatura IV – Escritoras en la Edad Media

Es por todos conocido que el auge de la literatura escrita por mujeres que estamos viviendo ahora no ha existido siempre. Y si leísteis la entrada anterior de «La mujer en la literatura» sobre las escritoras bajo seudónimo, sospecharéis que, si hace tres siglos lo tenían complicadillo, en la Edad Media no te quiero ni contar. Precisamente por el papel que tenía la mujer en esta sociedad, delegado a ser esposas o monjas, existen muy pocos textos de autoría femenina y casi ningún dato biográfico de escritoras. Aún así, lo poco que ha llegado a nuestros días nos demuestra que, pese al pie social que las aplastaba, ¡hacían lo que querían! Escribían cartas, poemas, canciones y, aunque sin ambición por ser reconocidas y publicadas, si que hemos podido llegar a saber de ellas y de sus obras. Quizá las más importantes sean las llamadas trobairitz. Nada más y nada menos que mujeres trovadoras. Atrás quedaron las imágenes que tenía yo del mester de juglaría, con el trovador cantándole a su bella amada una letanía de versos. Desde que supe que existieron mujeres trovadoras, me cambió la visión por completo. No comprendo que no aparezcan en los libros de literatura escolares, ya que sus letras tenían la misma calidad que las de los trovadores. Y, sin embargo, han sido obviadas y olvidadas por los historiadores literarios. Qué mal. También se las ha llegado a considerar «mujeres promiscuas» o poetas menores. Sus obras solo se cantaban en el ámbito familiar y eran bastante diferentes a las de los trovadores hombres. Estos dedicaban sus canciones a un amor inalcanzable, mientras que las trobairitz le exigían afecto a su amado (que nunca era su marido, por cierto) o amada. Algo escandaloso para aquella época. Describían al hombre o a la mujer perfectos y explicaban los sentimientos que desataba un amor tan intenso. Lo hacían en una de las lenguas romance que se hablaba en España, Francia e Italia: el occitano. Al nivel de los juglares de las clases bajas, también estaban las juglaresas, que cantaban en fiestas y espectáculos.

Imagen: Diario Feminista

Para tratarse de hace tantos siglos, estaban bastante bien valoradas. Algunas incluso formaban parte de la corte real; Alfonso X el Sabio las tenía en alta estima. Algunos de los nombres más destacados son María la Balteira, Alamanda de Castelnau, Beatriz de Día o Clara d’Anduza. Aunque la más conocida es María de Francia, traductora del latín y autora de las doce Lais que la hicieron famosa. Si tenéis curiosidad por saber cómo sonaban las canciones de estas trobairitz, solo tenéis que ponerlo en Youtube y seleccionar un video de alguna de las autoras citadas anteriormente. Os animo a que lo hagáis, porque no tiene desperdicio.

Dejando a un lado a las trovadoras, también fueron muy importantes las escritoras Eloísa e Hildegarda de Bengen, a las que ya les dediqué una entrada completa en la sección «Autores coetáneos» y que podéis leer aquí.