Reseñas de traducciones XLI – «Brujas literarias»

Taisia Kitaiskaia; Katy Horan, Brujas literarias (Literary Witches); traducción del inglés realizada por Graciela Romero Saldaña, Barcelona, Martínez Roca, 2018, 136 pp., ISBN 9786070752070

Brujas literarias es una recopilación de autoras de todos los tiempos, realizada por la escritora y poeta Taisia Kitaiskaia. Se publicó en 2017, año en el que también vio la luz otro de sus libros: Ask Baba Yaga. En este año, ha publicado el libro de poemas The Nightgown and other poems, que todavía no tenemos en español. La otra cara de Brujas literarias es Katy Horan, la ilustradora que ha conseguido expresar visualmente la magia de los relatos de Taisia. Entre las dos han creado un compendio de mujeres escritoras en el que se habla de ellas, se les da la importancia que merecen y se recomiendan sus obras más ilustres.

Argumento

Una reivindicación y celebración de las mujeres escritoras que a lo largo de la historia han sido ignoradas y rechazadas, tal y como se hizo con las brujas. Las autoras han querido dignificar el término bruja usándolo para describir el talento de escritoras excepcionales que han sido símbolo de fuerza, sabiduría y poder.

Edición, traducción y estructura de la obra

En este caso, lo he leído en digital; pero en formato físico está publicado por la editorial Martínez Roca. Contiene una introducción en la que se desarrolla de manera más extensa lo que aparece en el argumento. El por qué de que las autoras hayan elegido relacionar los términos «bruja» y «escritora». Reconozco que el título es muy llamativo, pero no hay que dejarse llevar por la palabra bruja. Es simplemente una comparación. Como bien explican Taisia y Karen, las brujas y las escritoras han sido marginadas durante años, por lo que han querido reconocer el mérito de ambas uniendo estos términos. Sin más. No es un libro de brujería ni nada por el estilo.

El libro no tiene capítulos propiamente dichos, sino que está dividido en treinta partes, una para cada autora. Cada una de ellas cuenta con cuatro páginas como mucho, que incluyen: tres párrafos introductorios, un párrafo de biografía, las recomendaciones de sus obras más importantes y unas ilustraciones preciosas. Con esta estructura tan amena, se lee en una sentada.

La traducción de Graciela Romero también ayuda: es fluida, sencilla y creo que los relatos de las introducciones han quedado bastante bien. Siempre es difícil traducir este tipo de literatura, porque tienes que sacrificar algún elemento para conseguir otro. No lo he podido comprobar con el original, pero creo que el trabajo es bueno. No he encontrado ninguna estructura que desentone o que quede mal en español. Además de este, Graciela Romero ha traducido otras obras como Amigo imaginario (Stephen Chbosky, 2019), Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes (Elena Favilli, 2019) y El jardín de las mariposas (Dot Hutchinson, 2019).

Opinión

He echado en falta más datos biográficos, pero en general me ha encantado. Este libro me ha hecho darme cuenta de que conocía muy pocas escritoras y gracias a él he elaborado una lista con una obra de cada una de las treinta mujeres que aparecen. A modo de reto, quiero leerlas todas.

Recopila autoras antiguas, modernas y contemporáneas; europeas, americanas, asiáticas, africanas y de Oceanía. Creo que es un trabajo magnífico para dar a conocer algunas autoras que, al menos yo, no sabía ni que existían. Algunos de los nombres que aparecen son Octavia Butler, Eileen Chang, Joy Harjo, Safo, Anna Ajmátova, Sandra Cisneros o Virginia Woolf. Además de las archiconocidas Emily Dickinson, Charlotte Bronte o Sylvia Plath. Por otro lado, las introducciones son relatos alegóricos con elementos mágicos y personajes o detalles de sus obras. Con las autoras que sí había leído, no he tenido problema. Sin embargo, con las que no conocía me ha costado más entender el sentido de la introducción. De hecho, creo que no llegaré a comprender el sentido real hasta que no las lea a ellas.

En definitiva, es un libro que te lleva a otros libros. Un recopilatorio maravilloso. Lo recomiendo mucho.

Autores coetáneos IV – Hildegarda de Bingen y Eloísa

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Hoy viajamos de nuevo muchos años atrás, hasta el siglo XII, para conocer a dos autoras que coexistieron y comparar sus obras. Se trata de la alemana Hidelgarda de Bingen y de la francesa Eloísa.

Imagen: Desagravio.info

Hildegarda de Bingen nació en el año 1098 y murió en 1179. Fue una importante abadesa, conocida como la líder monacal femenina más influyente de su época. Tenía una gran inteligencia y la dedicó a un amplio abanico de asuntos: escritura, medicina, filosofía, teología, música y misticismo. Nació en una familia acomodada y noble, que la entregó a la vida religiosa prácticamente desde su nacimiento. Su institutriz le enseñó latín, canto gregoriano, a leer y a escribir. Ella y su mentora se retiraron a la clausura en un espacio anexo a un monasterio masculino. Poco a poco, iban uniéndose más monjas hasta que se convirtió en un pequeño monasterio bajo la regla benedictina. Cuando su mentora murió, Hildegarda fue nombrada abadesa, a pesar de su juventud. Escribió tratados sobre ciencia y naturaleza, pero su obra más importante es Scivias, que traducido de manera literal significa «conoce los caminos». Es una obra en la que la autora recoge todas las visiones que tiene. Dichas visiones las tuvo desde pequeña, pero no fue hasta la edad adulta cuando decidió ponerlas por escrito y publicarlas. El libro está escrito entre 1141 y 1152 y en él se explican multitud de dogmas de la fe católica, mediante las visiones de la autora, que refleja con dibujos e ilustraciones. Liber vitae meritorum y Liber divinorum operum son las otras dos obras famosas de esta visionaria e importante mujer de su tiempo.

Imagen: Duna FM

Por otro lado, tenemos a Eloísa, considerada la precursora de la literatura epistolar francesa y una de las primeras mujeres de letras de Occidente. Nació en 1092 y falleció en el año 1164, como priora de Paraclet. Fue hija ilegítima de una abadesa y de un padre desconocido, por lo que fue criada por su tío, Fulberto. Le proporcionó una educación propia de la nobleza, pero la niña cometió el «error» de enamorarse de su maestro, Abelardo. A partir de ahí, su vida se convirtió en una telenovela de amor cortés, de fugas, de casamientos de tapadillo y de sufrimiento, puesto que su tío los persiguió y terminó por castrar a Abelardo. Os podréis imaginar el sufrimiento de la muchacha… Su vida fue trágica pero dio lugar a una producción de cartas, dedicadas a Abelardo, gracias a las cuales entró a formar parte de la literatura francesa. En esas cartas, conocemos de primera mano los sentimientos y pensamientos de Eloísa, así como los detalles de su relación con Abelardo. Algo completamente inadecuado para su época, en la que no estaba bien visto que una mujer expresara lo que sentía y, mucho menos, por escrito. Después de la tragedia de Abelardo, deciden meterse cada uno en un monasterio (en contra de la voluntad de Eloísa) y así es como se convirtió en abadesa. Además, llegó a querer establecer una regla monástica exclusivamente femenina. Hasta nuestros días, han llegado un canto fúnebre y las cartas que le escribió a su amado, siendo estas las más importantes de su trayectoria literaria. También hay que destacar que escribió música, de la que no tenemos nada, y reescribió todas las reglas del monasterio de Paraclet.

Creo que, de todas las entradas de «Autores coetáneos» que he escrito, esta es en la que más diferencias hay entre las dos autoras. Nacieron y murieron prácticamente en los mismos años y, sin embargo, su producción literaria es diferente por completo. Mientras que Hildegarda se dedica a establecer dogmas y a estudiar diferentes ramas del saber, Eloísa consagra la mayoría de sus escritos a contarle al mundo (aunque ella en ese momento no lo sabía) lo que siente por su amado y las consecuencias de su amor. Muy diferentes, sí, pero igualadas en la importancia que le dan a la literatura y al papel de la mujer en aquellos tiempos difíciles.

La mujer en la literatura III – Escritoras bajo seudónimo masculino

Cuando se me ocurrió escribir esta entrada, sobre las mujeres que escribieron bajo un seudónimo de hombre, no me imaginaba que hubiera tantas. He encontrado listas inmensas y he tenido que seleccionar las más conocidas o los casos que me han resultado más curiosos. Sobra comentar cuál era el motivo por el que estas escritoras se escondían con seudónimos. En una sociedad machista (no tan lejana como parece), en la que solo los hombres eran dignos de leer y escribir, las mujeres no tenían cabida ni reconocimiento alguno en el ámbito cultural y literario.

Y, al final, resulta que la primera autora de la historia de la literatura fue una mujer; una sacerdotisa de Sumeria, llamada Enheduanna y que vivió en el siglo III a. C. Para no alargar mucho el tema, paso ya a nombrar a algunas de las literatas más importantes de la historia, que firmaban con nombre de hombre.

En primer lugar, no pueden faltar las hermanas Brönte. Emily, Anne y Charlotte dieron a conocer sus grandes obras, consideradas hoy en día como clásicos de la literatura, mediante seudónimos masculinos. Cada una eligió un nombre con la misma inicial que el suyo y mantuvieron la relación familiar, mediante el apellido Bell: Ellis, Acton y Currer. Continuamos con la literatura inglesa para hablar de Jane Austen. Esta gran novelista no firmaba como si fuese un hombre, pero tampoco daba a conocer su verdadera identidad. Se dedicaba a poner simplemente «una dama». Incluso, en la actualidad, existe una autora muy famosa que fue aconsejada a utilizar sus iniciales, para evitar firmar con nombre de mujer. Nada más y nada menos, que la aclamada J. K. Rowling.

Para seguir con las iniciales que ocultan nombres femeninos, está la autora de Mary Poppins, Pamela Lyndon Travers, que firmaba como P. L. Travers. Joan Cooper, creadora de A piece of me, sellaba sus obras con J. California Cooper. Más actual es el caso de la escritora de Cincuenta sombras de Grey, Erika Leonard, cuya firma es E. L. James.

Otros seudónimos importantes son George Eliot, tras el que se escondía Mary Ann Evans (Middlemarch); George Sand, utilizado por Amantine-Lucile Dudevant (Valentine); A. M. Barnard, que era usado por Louisa May Alcott (Mujercitas) para firmar obras pequeñas; y, a título nacional, Fernán Caballero, con el que firmaba Cecilia Böhl de Faber y Larrea (La familia de Alvareda, La hija del sol). Me dejo a algunas en el tintero, pero no quería hacer una entrada demasiado larga. Seguramente, habrá una segunda parte de autoras bajo seudónimos, ya que el tema da para mucho.

La mujer en la literatura II – Los premios literarios

Un premio o certamen literario es una competición en la que participan escritores, profesionales o aficionados, con el fin de que su obra sea reconocida como la mejor. La mayoría de escritores que han sido galardonados con un premio literario ha tenido un auge considerable en su carrera. Casi todos los países tienen un premio literario propio, a nivel nacional. Sin embargo, el más importante a nivel internacional es el Premio Nobel de la Literatura, entregado por primera vez en el año 1901. Un dato llamativo es que, de todos los certámenes literarios que existen actualmente, ninguno lleva el nombre de una mujer.

El Premio Nobel de la Literatura es anual y ha sido entregado, a día de hoy, a 114 personas. Desde su inauguración hasta la primera mujer galardonada, la sueca Selma Lagerlöf, pasaron ocho años. El segundo Nobel de la Literatura entregado a una mujer fue en 1926, la afortunada fue la escritora italiana Grazia Deledda. La siguiente consigue el premio dos años después y para ver a otra escritora recibir el galardón tendremos que esperar hasta 1938. Durante todos estos años, solo catorce mujeres han sido premiadas con el Nobel de la Literatura. Es bastante triste, pero la verdad es que soy optimista y creo que, con el avance de este siglo, esas cifras se igualarán con las de los hombres porque las escritoras femeninas están cada vez más reconocidas.

En cuanto a Francia, el premio más importante es el Goncourt, concedido por primera vez en 1903. Durante todos estos años de vida del galardón, solo se ha entregado a diez mujeres en total. La última en el año 2016. Nos vamos a Inglaterra, donde el premio literario más reconocido es uno bastante más joven que los anteriores: el Man Booker. Dicho premio fue inaugurado en 1969. En este caso, tenemos que reconocer que el segundo premio entregado fue a una mujer: Bernice Rubens. Además, la cifra de mujeres premiadas es muy superior a la del Nobel y el Goncourt; en su lista de galardonados hay al menos diecisiete escritoras. Felicidades Inglaterra, eres el país ganador en lo que llevamos de entrada ahora mismo. En cuanto a Alemania, uno de los más importantes es el Premio Georg Büchner, constituido en 1923. Ha sido concedido a doce mujeres, desde su inauguración. En Italia destaca el Premio Strega, entregado también a doce escritoras, aunque el baremo no sea el mismo, ya que fue constituido veinte años después que el galardón alemán. En lengua portuguesa, el premio más importante es el Camões, desde 1989; ha sido entregado a siete mujeres, entre Brasil y Portugal.

Finalmente, vamos a analizar España. Aquí destacan el Premio Cervantes, el Premio Princesa de Asturias de las Letras, el Premio Nadal y el Premio Planeta, entre otros. Los dos últimos se encuentran en un plano mucho más comercial, puesto que son concedidos por editoriales. El Premio Cervantes lo concede el Ministerio de Cultura y fue creado en 1976. Desde ese año, han sido premiadas un total de cinco mujeres. En cuanto al segundo premio de la lista anterior, instituido en 1981, ha sido ganado por la friolera de seis escritoras. Toca agradecer a los premios comerciales, ambos instituidos a mediados de los noventa, el hecho de que hayan sido entregados a un mayor número de mujeres escritoras: el Premio Nadal a catorce y el Premio Planeta a quince.

Como se puede observar, las cifras no son agradables y mucho menos igualitarias. Tenemos que tener en cuenta que, en la época en la que se crearon la mayoría de estos premios, las mujeres que se dedicaban a la escritura no estaban muy bien vistas. También hay que reconocer que, con el transcurso de los años y el avance de las mentalidades (pelín cerradas anteriormente, diría yo), el número de mujeres galardonadas ha aumentado de manera considerable. Por lo tanto, después de esta investigación un poco deprimente, nos queda la esperanza de que en los próximos años no se tengan que escribir más artículos de este tipo. Que la diferencia entre escritores y escritoras premiados no sea algo llamativo. Que los premios literarios se entreguen por la calidad de las obras, no por el género de quien la escriba.