Reseñas de originales XLI – «Heteria de Toledo», historias y leyendas medievales

Vicenta Mª Márquez de la Plata, Heteria de Toledo; Madrid, Imágica Ediciones, 2018, (Imágica Histórica), 235 pp., ISBN 978-84-95772-93-0

Heteria de Toledo es una de las muchas obras escritas por la historiadora Vicenta Márquez de la Plata. La autora, especializada en historia medieval, es diplomada en Genealogía y Heráldica y, además, profesora en la Universidad de Lisboa. También ha publicado artículos en revistas especializadas. Algunas de sus obras son Mujeres e Inquisición, Mujeres que vistieron de hombre, Damas ilustres de la historia de España, Los mejores reyes fueron reinas, El eunuco del rey o Bastardos, ilegítimos e incluseros en la historia de España. Como se puede ver, la mayoría de sus obras están dedicadas a destacar el papel de las mujeres más importantes a lo largo de la historia

Argumento

La historia de Heteria, una mujer ilustrada del reino de Asturias, que quiso homenajear a su padre que la instruyó cuando era niña, enseñando a las jóvenes musulmanas del reino de Toledo; el desencuentro de la princesa Teresa de León con los regentes del reino; la historia de la joven musulmana que servía en un harén de cortesía en al-Ándalus y que utilizó su corazón para encontrar la libertad, compadeciéndose de un guerrero olvidado de la guardia de palacio; Tasia, la bruja iluminada, en el malvado juicio de Dios creado por los hombres…

Un ramillete de historias que el lector puede disfrutar, y en el que puede conocer cómo eran los hombres y mujeres cristianos y musulmanes en la España del siglo XI. Historias de amores y venganzas, de encantamientos verdaderos o fingidos, un muestrario de cómo se vivía en el mundo medieval.

Edición y estructura de la obra

Se nota que la edición está trabajada. Excepto por un par de erratas, el texto y el formato son muy buenos. La cubierta es de tapa blanda con solapas, con una pintura de Frederick Arthur Bridgman titulada The reading lesson. El libro comienza con una breve presentación, por parte de la autora, de las historias que vamos a encontrar. La siguen los diez relatos que lo componen y, mi parte favorita, un apartado con las fuentes de los relatos, la lista de personajes históricos que aparecen y una bibliografía completísima donde los curiosos podrán ampliar sus conocimientos medievales.

Opinión

He disfrutado mucho con todas estas historias. Son tan diferentes entre sí, que en ningún momento me han parecido repetitivas. El tema común es la convivencia de las tres culturas o religiones que poblaban lo que entonces era España, allá por los siglos X y XI. Gracias a estos relatos, y a las notas a pie de página que añade la autora, he aprendido cosas que no me habían explicado en las clases de historia del colegio. Y es que, cuando no había guerra, judíos, cristianos y musulmanes convivían y cruzaban las fronteras invisibles de los reinos que los dividían. El comerciante judío, el médico musulmán… Por supuesto, había rencillas y desconfianza hacia el otro, el que piensa diferente, el que cree en un dios que no es el propio; pero también hubo ocasiones en que se enamoraron, se casaron, se contrataron y se ayudaron. El objetivo de este libro es ilustrar todas esas situaciones que se daban en el día a día de los tres pueblos y, para mi gusto, lo consigue con creces. Era una época complicada, con muchas sombras, pero gracias a Vicenta Márquez también he podido conocer algunas de sus luces.

La imagen que yo tenía de la Alta Edad Media en España era la de un campo de batalla durante más ocho siglos. El libro no ha borrado dicha imagen, pero si la ha ampliado. Jamás se me había pasado por la cabeza pensar en cómo podría ser la cotidianidad de aquellas gentes. Tampoco era consciente del gran número de reyes que hubo en ese tiempo; la península estaba muy dividida y cada reino rendía pleitesía a un rey, que podía durar desde veinte años a quince minutos. Exageraciones aparte, me he vuelto un poco loca con tanto nombre regio. Por suerte, la lista de personajes del final aclara el asunto.

Aunque me han gustado todas las historias, mis favoritas han sido la de Tasia, la de la Xana y la del hombre lobo, donde la presencia de la magia cobra importancia y han conseguido embriagarme por completo. Porque lo que más destaco de este compendio es la buena mezcla de historia y mito. Llega un punto en que te planteas si lo que estás leyendo ocurrió o no, si forma parte del folclore o de algún libro de historia. Me ha dejado con más curiosidad de la que tenía cuando empecé a leer. Así que seguramente eche mano de la lista de libros que nos regala la autora como colofón.

¡Recomendado a todos los curiosos!

Reseñas de originales XIV – «Milagros de Nuestra Señora», edición de Michael Gerli

Michael Gerli, editor; Gonzalo de Berceo, autor; Milagros de Nuestra Señora; Madrid, Ediciones Cátedra, 1985, (Letras hispánicas), 297 pp., ISBN 978-84-376-0559-3

Michael Gerli (1946) es un escritor y editor hispanoamericano, además de profesor de español, que ha publicado más de doscientas obras sobre literatura española medieval en Estados Unidos y en Europa. Colabora con muchas editoriales hispanas y es el director de Medieval Iberia: An Encyclopedia. Además de esta edición de Berceo, tiene otras sobre La Celestina, el Arcipreste de Hita y muchas investigaciones en el mismo campo.

Os dejo por aquí el resumen de la contra-cubierta: «Los Milagros de Nuestra Señora fueron escritor hacia mediados del siglo XIII. Recogen la tradición muy extendida en toda Europa de milagros marianos, y de hecho está localizada la fuente latina directa de donde bebió Berceo. La crítica moderna ha centrado su interés en el carácter de obra literaria de los Milagros, cuyo autor es muy consciente de su creación artística, como puede verse en su cuidada re-elaboración de las fuentes y en la atención que presta al público al que la obra está dirigida».

Me ha parecido una obra muy interesante, más de lo que esperaba. Tengo que destacar que la parte que más me ha gustado es la de investigación acerca del autor y su estilo. En cuanto a los Milagros, algunos me resultaron un poco pesados, ya que tienen un esquema similar y la mayoría son muy parecidos. Quise leer esta obra para tener una base de la literatura hispánica, que me fascina, y creo que me ha ayudado mucho a entender la literatura mariana, la cuaderna vía  y el mester de clerecía. Hasta ahora, solo me sabía la teoría, pero he podido comprobar cómo lo ponían en práctica. Una de las cosas que más me han llamado la atención ha sido la función didáctica que Berceo supo meter en sus historias. Tal y como se explica en el análisis previo, hay que cambiar el modo en que se ve a Berceo (un simple clérigo que adoraba a La Virgen); a lo largo de toda la obra se puede ver cómo era un hombre culto, que supo adaptar una obra latina a su época, a su lengua y a la sociedad que lo rodeaba para poder impartir lecciones morales sin que se notara mucho.

Se trata de la decimonovena edición de este libro. Y creo que eso ya dice mucho de su calidad. La edición es completísima. Me lo pensé dos veces a la hora de comprarlo, porque con estas obras medievales editadas nunca se sabe. Pero no me arrepiento y estoy segura de que repetiré con Cátedra para el resto de clásicos que quiero leer. El libro es pequeñito, de tapa blanda y muy compacto. Tiene un índice en el que te explica de manera clara todas las partes de la obra. Consta de la introducción, en la que se habla del mester de clerecía, la literatura mariana, la vida y obra de Berceo, así como el lenguaje que utiliza y la estructura de la obra. A continuación, te habla de la edición y pasa directamente a los veinticinco milagros. Para finalizar, incluye el apéndice de la obra, en latín, en la que se inspiró Berceo.

Recomiendo este libro a todo aquel que esté interesado en la literatura española medieval; o a todos los curiosos que, como yo, quieran conocer qué se leía (o recitaba/escuchaba, según se mire) en nuestra tierra, hace más de quinientos años.

Autores coetáneos IV – Hildegarda de Bingen y Eloísa

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Hoy viajamos de nuevo muchos años atrás, hasta el siglo XII, para conocer a dos autoras que coexistieron y comparar sus obras. Se trata de la alemana Hidelgarda de Bingen y de la francesa Eloísa.

Imagen: Desagravio.info

Hildegarda de Bingen nació en el año 1098 y murió en 1179. Fue una importante abadesa, conocida como la líder monacal femenina más influyente de su época. Tenía una gran inteligencia y la dedicó a un amplio abanico de asuntos: escritura, medicina, filosofía, teología, música y misticismo. Nació en una familia acomodada y noble, que la entregó a la vida religiosa prácticamente desde su nacimiento. Su institutriz le enseñó latín, canto gregoriano, a leer y a escribir. Ella y su mentora se retiraron a la clausura en un espacio anexo a un monasterio masculino. Poco a poco, iban uniéndose más monjas hasta que se convirtió en un pequeño monasterio bajo la regla benedictina. Cuando su mentora murió, Hildegarda fue nombrada abadesa, a pesar de su juventud. Escribió tratados sobre ciencia y naturaleza, pero su obra más importante es Scivias, que traducido de manera literal significa «conoce los caminos». Es una obra en la que la autora recoge todas las visiones que tiene. Dichas visiones las tuvo desde pequeña, pero no fue hasta la edad adulta cuando decidió ponerlas por escrito y publicarlas. El libro está escrito entre 1141 y 1152 y en él se explican multitud de dogmas de la fe católica, mediante las visiones de la autora, que refleja con dibujos e ilustraciones. Liber vitae meritorum y Liber divinorum operum son las otras dos obras famosas de esta visionaria e importante mujer de su tiempo.

Imagen: Duna FM

Por otro lado, tenemos a Eloísa, considerada la precursora de la literatura epistolar francesa y una de las primeras mujeres de letras de Occidente. Nació en 1092 y falleció en el año 1164, como priora de Paraclet. Fue hija ilegítima de una abadesa y de un padre desconocido, por lo que fue criada por su tío, Fulberto. Le proporcionó una educación propia de la nobleza, pero la niña cometió el «error» de enamorarse de su maestro, Abelardo. A partir de ahí, su vida se convirtió en una telenovela de amor cortés, de fugas, de casamientos de tapadillo y de sufrimiento, puesto que su tío los persiguió y terminó por castrar a Abelardo. Os podréis imaginar el sufrimiento de la muchacha… Su vida fue trágica pero dio lugar a una producción de cartas, dedicadas a Abelardo, gracias a las cuales entró a formar parte de la literatura francesa. En esas cartas, conocemos de primera mano los sentimientos y pensamientos de Eloísa, así como los detalles de su relación con Abelardo. Algo completamente inadecuado para su época, en la que no estaba bien visto que una mujer expresara lo que sentía y, mucho menos, por escrito. Después de la tragedia de Abelardo, deciden meterse cada uno en un monasterio (en contra de la voluntad de Eloísa) y así es como se convirtió en abadesa. Además, llegó a querer establecer una regla monástica exclusivamente femenina. Hasta nuestros días, han llegado un canto fúnebre y las cartas que le escribió a su amado, siendo estas las más importantes de su trayectoria literaria. También hay que destacar que escribió música, de la que no tenemos nada, y reescribió todas las reglas del monasterio de Paraclet.

Creo que, de todas las entradas de «Autores coetáneos» que he escrito, esta es en la que más diferencias hay entre las dos autoras. Nacieron y murieron prácticamente en los mismos años y, sin embargo, su producción literaria es diferente por completo. Mientras que Hildegarda se dedica a establecer dogmas y a estudiar diferentes ramas del saber, Eloísa consagra la mayoría de sus escritos a contarle al mundo (aunque ella en ese momento no lo sabía) lo que siente por su amado y las consecuencias de su amor. Muy diferentes, sí, pero igualadas en la importancia que le dan a la literatura y al papel de la mujer en aquellos tiempos difíciles.

Autores coetáneos II – El Arcipreste de Hita y Bernardo Gui

Arcipreste de Hita

El primero seguro que os suena a todos; el segundo quizá no sea tan famoso. Yo lo conocí como personaje de ficción, en una novela histórica, sin saber que fue una persona real y un historiador importante de su época. Nos situamos, pues, entre finales del siglo XIII y principios del XIV. En plena Edad Media, entre España y Francia.

El Arcipreste de Hita es un personaje un poco misterioso, puesto que, prácticamente, lo único fiable que aparece en las búsquedas de Internet es su nombre, Juan Ruiz, y su título eclesiástico. Parece ser que nació alrededor de 1283 y su nombre aparece por última vez en un escrito de 1351. Su primera y última obra es el Libro del buen amor, escrito entre 1330 y 1343. La fecha exacta no se puede afirmar del todo, puesto que el extenso libro parece haberse escrito en varios fragmentos, en un lapso amplio de tiempo. En cuanto a la biografía del Arcipreste, se mezcla un poco la verdad con la leyenda. Se dice que su padre fue el caballero Cisneros, que combatió en la guerra de Granada y que estuvo preso más de veinte años. Tras el cautiverio, su padre se casó con una cristiana y tuvo seis hijos. Se dice que pasó sus primeros años en tierras musulmanas y que después se trasladó a Castilla, bajo la protección de su tío, el obispo de Sigüenza. Recibió una buena formación por parte de la escuela de Toledo y del ambiente clerical. Posteriormente, accedió al cargo eclesiástico. El Libro del buen amor se encuadra, de manera general, dentro del mester de clerecía. Sin embargo, por su temática, no tiene características comunes con ninguna obra anterior de la Edad Media. Este libro, sumamente importante para la literatura española, está escrito en verso y compuesto por 1700 estrofas. Su tema es una especie de autobiografía ficticia, en la que el autor cuenta sus andanzas en busca del amor pleno. Cuenta cada anécdota a modo de enseñanza o advertencia para el lector, para que siga la senda del buen amor.

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Bernardo Gui

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Es muy probable que ambos personajes históricos no se conocieran jamás. Quizá, al pertenecer los dos a la Iglesia y desempeñar trabajos para la misma, supieran de su existencia. Sin embargo, es curioso comparar su producción literaria y ver que, a pesar de ser prácticamente coetáneos, sus escritos no tienen características comunes.