Reseñas de originales XIX – El «Libro de buen amor»

Juan Ruiz (Arcipreste de Hita). Prólogo de Paula Arenas Martín-Abril; Libro de buen amor; Madrid, Edimat, 2006, (Clásicos de la literatura, nº de la serie: 102), 306 pp., ISBN 978-84-9764-799-1

Imagen: Edimat

Para conocer mejor al Arcipreste de Hita, podéis pinchar aquí y leer la entrada de «Autores coetáneos», en la que lo comparo con Bernardo Gui y hablo sobre su vida y obra. Como ya he hablado de este autor, no voy a alargar mucho la introducción. Es de sobra conocido su Libro de buen amor, una de las obras más famosas del mester de clerecía español. Esta, junto con otras cuatro o cinco manifestaciones escritas, marca el desarrollo de la cuaderna vía y la lengua romance castellana. El libro se editado un sinfín de veces (aparecen registradas noventa y cinco, concretamente, en España), adaptado o no al español moderno y con prólogos y estudios preliminares que ayudan al lector a situarse un poco. La edición que voy a comentar yo es la de Edimat y pertenece a su colección de «Clásicos de la literatura». Es de tapa blanda y la cubierta es preciosa. Se compone de un prólogo, el libro en sí y un índice colocado al final en el que se pueden ver de un vistazo los ochenta capítulos que construyen el Libro de buen amor.

Argumento: «Obra con ánimo moralizante y de divertir, para que los amantes escarmienten de manera ajena. Para ello, adaptando el recurso de hablar en primera persona, su autor cuenta una serie de aventuras amorosas enlazadas por los comentaros y las digresiones del mismo, que mantienen la unidad del relato pero le dan, a la vez, cierta independencia a cada historia».

Desde mi punto de vista, el prólogo de Paula Arenas Martín-Abril (filóloga y periodista) es muy completo. Consigue resumir en apenas treinta páginas todo lo que necesitas saber para entender el libro. Habla del autor, de las distintas teorías sobre si es verdad o no que Juan Ruiz lo escribió, de la estructura, de la intención y de la polémica del título. Resulta que el escritor no le puso ningún título de manera explícita, sino que lo dejó caer a lo largo de la obra y los estudiosos lo han denominado así. Tampoco está comprobado que existiera un tal Arcipreste de Hita, ni el propósito que tenía cuando escribió este libro. Después de leer la introducción de Paula Arenas, mi conclusión es que es una obra con sentido irónico, ya que cuenta los amoríos de una autoridad clerical, que pretende señalar lo que no se debe hacer mediante el humor y el sarcasmo. Así que lo he leído con esa idea y me ha gustado. Reconozco que busqué información antes, porque con una obra del siglo XIV y titulada así, no sabía a qué atenerme. Pero, si se mantiene la perspectiva del contexto en el que se escribió, es un libro entretenido.

Esta edición está sin adaptar, en castellano antiguo, y me ha costado bastante avanzar. Había expresiones que solo entendía por contexto y otras que tenía que buscar porque no tenía ni idea. Aún así, me ha encantado la experiencia, porque la evolución del español me parece muy interesante. La parte que más me ha gustado es la crónica del narrador, sus diferentes historias con las dueñas a las que quiere enamorar. La que menos, las fábulas moralizantes que introduce en medio de cada relato. Se me han hecho muy pesadas, porque son repetitivas (sobre todo, las de los siete pecados capitales). En general, recomiendo la lectura de este clásico, ya que forma la base de la literatura española y está bien saber cómo entendían el amor en esa época, lo que estaba bien y lo que estaba moralmente mal. Tiene algunos puntos buenos y me ha hecho reír en más de una ocasión.

Autores coetáneos II – El Arcipreste de Hita y Bernardo Gui

Arcipreste de Hita

El primero seguro que os suena a todos; el segundo quizá no sea tan famoso. Yo lo conocí como personaje de ficción, en una novela histórica, sin saber que fue una persona real y un historiador importante de su época. Nos situamos, pues, entre finales del siglo XIII y principios del XIV. En plena Edad Media, entre España y Francia.

El Arcipreste de Hita es un personaje un poco misterioso, puesto que, prácticamente, lo único fiable que aparece en las búsquedas de Internet es su nombre, Juan Ruiz, y su título eclesiástico. Parece ser que nació alrededor de 1283 y su nombre aparece por última vez en un escrito de 1351. Su primera y última obra es el Libro del buen amor, escrito entre 1330 y 1343. La fecha exacta no se puede afirmar del todo, puesto que el extenso libro parece haberse escrito en varios fragmentos, en un lapso amplio de tiempo. En cuanto a la biografía del Arcipreste, se mezcla un poco la verdad con la leyenda. Se dice que su padre fue el caballero Cisneros, que combatió en la guerra de Granada y que estuvo preso más de veinte años. Tras el cautiverio, su padre se casó con una cristiana y tuvo seis hijos. Se dice que pasó sus primeros años en tierras musulmanas y que después se trasladó a Castilla, bajo la protección de su tío, el obispo de Sigüenza. Recibió una buena formación por parte de la escuela de Toledo y del ambiente clerical. Posteriormente, accedió al cargo eclesiástico. El Libro del buen amor se encuadra, de manera general, dentro del mester de clerecía. Sin embargo, por su temática, no tiene características comunes con ninguna obra anterior de la Edad Media. Este libro, sumamente importante para la literatura española, está escrito en verso y compuesto por 1700 estrofas. Su tema es una especie de autobiografía ficticia, en la que el autor cuenta sus andanzas en busca del amor pleno. Cuenta cada anécdota a modo de enseñanza o advertencia para el lector, para que siga la senda del buen amor.

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Bernardo Gui

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Es muy probable que ambos personajes históricos no se conocieran jamás. Quizá, al pertenecer los dos a la Iglesia y desempeñar trabajos para la misma, supieran de su existencia. Sin embargo, es curioso comparar su producción literaria y ver que, a pesar de ser prácticamente coetáneos, sus escritos no tienen características comunes.