Traducción literaria VI – ¿Por qué literaria y no de otro tipo?

La entrada de este jueves va a ser la más personal. Me gustaría contaros un poco cómo me topé con este mundillo y cómo he evolucionado. Recuerdo que comencé a interesarme por el mundo de la traducción cuando tenía catorce o quince años. Desde entonces, supe que quería formarme como traductora y trabajar de ello. Pero la verdad es que no conocía nada acerca de ese mundo, ni su repercusión, ni las diferentes variedades de traducción que existían. Cuando llegué a la carrera, los dos primeros años fueron una transición un poco extraña, tenía los medios delante pero no sabía muy bien de qué iba la cosa. Pero el penúltimo año, descubrí mi pasión, gracias a una asignatura llamada «Traducción Humanística».

La materia consistía en traducir desde textos humanísticos, hasta poemas y novelas. Entonces, sin darme cuenta, me estaba interesando cada vez más y más. Buscaba los fragmentos que nos daba el profesor, para saber a qué obra pertenecían. Contrastaba con las traducciones que ya existían y las comparaba. Además, lo disfrutaba muchísimo. Había encontrado, por sorpresa, una parte de «mi futuro trabajo» que se relacionaba directamente con una de mis mayores aficiones: la lectura. El maravilloso hábito de leer me lo enseñó mi padre desde bien pequeña y, la verdad, es que nunca me pareció tedioso o aburrido. Eso sí, no soportaba las lecturas impuestas por el colegio. Jamás he entendido por qué no daban una lista de opciones para elegir y que cada alumno desarrollara su gusto por la lectura de manera independiente.

Pero volvamos al centro de la cuestión. Cuando me gradué, me fui a vivir al extranjero durante un tiempo y, mientras tanto, pensar qué hacer o cómo continuar con mi carrera. Sabía perfectamente que la traducción que da de comer es la técnica (o especializada) y, con muchas posibilidades, la que tiene que ver con la informática y las páginas web. Pero nunca me había llamado la atención. Yo quería traducir libros. Así que, contra todo lo que me decía mi cabeza (la traducción literaria es la peor pagada y la más ingrata de todas las traducciones del mundo) estudié un Máster en Traducción Literaria y me especialicé. Y no me arrepiento de nada. Lo disfruté mucho y sigo haciéndolo a día de hoy. Eso sí, al menos por ahora, no ejerzo de traductora. Tengo un trabajo relacionado con los idiomas, pero nada que ver con la traducción.

Sin embargo, si me preguntaran si lo estudiaría de nuevo, mi respuesta sería afirmativa. De hecho, sigo formándome, investigando, haciendo cursos. No me he separado de la traducción ni por un momento. Así a todos aquellos que estén dudando, los animo. Haced lo que os haga felices aunque el resultado no sea inmediato. La vida es una carrera de fondo. Es posible que solo nos llevemos lo aprendido (que ya es mucho), pero también cabe la posibilidad de que algún día veamos nuestro nombre en la portada de un libro.

Traducción literaria V – ¿Es posible la traducción de la poesía?

El mes pasado publiqué una entrada en la que me planteaba esta misma pregunta, pero en todos los ámbitos de la traducción. Si no la habéis leído, os dejo el enlace aquí. Mientras escribía sobre ese tema, me di cuenta de que al llegar a la poesía, tenía mucho más que decir. Así que para que no me quedara una entrada demasiado larga, decidí que iba a dedicarle un jueves a la traducción de la poesía.

Como todo en la vida, no conoces la dificultad de algo hasta que no te enfrentas a ello. Yo me di cuenta de que la poesía era intraducible la primera vez que tuve delante un poema en inglés: un soneto de Shakespeare. Recuerdo que fue durante la carrera, en la asignatura de Traducción Humanística, cuando el profesor decidió dedicar una parte de la materia a la traducción de la poesía. Antes de que nos pusiéramos manos a la obra, nos advirtió de que no había técnicas concretas para traducir poemas. Lo que sí había eran dos opciones: transmitir el sentido o transmitir la forma; conseguir ambas es un reto que a día de hoy, desde mi punto de vista, sigue sin alcanzarse.

Otro aspecto importante es que, para traducir poesía, no tienes que ser solo traductor literario, sino que tienes que ser poeta. No es lo mismo que trasladar un texto en prosa de una novela, un ensayo o un artículo de un periódico. Un poema va más allá que todo eso; transmite sentimientos y pensamientos de manera indirecta, sin decirlo claramente. Es muy difícil llegar a trasladar eso a otro idioma, puesto que el autor del poema original ha transformado y estrujado su lengua para contar lo que quería contar. Mucho significado en muy pocas líneas, con numerosos recursos. Aún así, no todo el mundo tiene la suerte de poder leer en todas las lenguas del mundo. Y es una pena que algunas joyas de la poesía no lleguen a las manos de todos los que quieran leerlas. Por ello, considero que la labor del traductor de poesía es indispensable e incuestionable. Aunque no consiga el mismo texto que el autor original, solo con que haga llegar una parte de la belleza de un poema a los lectores de otra lengua, ya ha merecido totalmente la pena. Animo a todos los traductores del mundo a que sigan traduciendo poemas, decantándose por la opción o técnica con la que trabajen mejor. Que se traduzcan poemas mejor o peor, ¡pero que nunca cesen de ser traducidos!

Hay un breve estudio muy interesante, escrito por Alicia Silvestre Mirales en el 2008, al que tenemos acceso gratuito gracias al Centro Virtual Cervantes. El estudio se titula La traducción poética, un reto posible y en él se pueden leer verdades como: «Es fundamental que el traductor parta de una base realista: no existe la traducción perfecta. La traducción es en esencia una traición a la verdad manifestada y, como tal, no puede reproducir el original. Hemos de saber que, en el mejor de los casos, vamos a tener que sacrificar algo, sea la rima, una aliteración, un doble sentido, el ritmo, o la belleza de una palabra». Desde mi punto de vista, no ha podido explicarlo mejor. Me parece una reflexión perfecta, así que os dejo las palabras de Alicia como un cierre estupendo para la entrada de hoy.

Traducción literaria IV – ¿Es posible la traducción real de un texto literario?

Las tres entradas anteriores de esta sección han sido completamente técnicas. Es decir, en ellas solo expuse unos principios y unas pautas que ya estaban impuestas, de manera casi didáctica. Creo que es un contenido útil para quien se esté iniciando en la traducción literaria, ya que supone la base de la disciplina. Sin embargo, para la entrada de hoy, me voy a salir del papel de «profesora» y voy a dedicarla a plantear mi opinión personal. Quiero dejar claro que, por supuesto, no se trata de correcta o incorrecta, ni de una ley universal; sino que es mi visión sobre este campo, que lleva siendo parte de mí desde hace ocho años.

En cuanto a la pregunta del título, mi respuesta es clara y sencilla: no. Este es uno de los miles de dilemas que se plantean con la traducción y en el que yo me decanto, en este caso concreto, por el bando de los negativos (un ensayo muy interesante es Miseria y esplendor de la traducción, de Ortega y Gasset). Y entonces os preguntaréis que, si tanto me gusta la traducción literaria, ¿cómo es posible que no crea en ella? Porque soy realista. Para que me entendáis, empecemos por analizar de manera resumida desde la traducción técnica de un manual de aspiradoras, hasta la traducción de un soneto de William Shakespeare.

El mundo de la ciencia y la tecnología tiene un vocabulario específico. Para que todos los profesionales de esos campos puedan entenderse fácil y rápido, es necesario que exista una nomenclatura estándar de la mayoría de conceptos. Son términos, en muchos casos, complejos pero fijos. De hecho, hay palabras que ni siquiera se traducen y se dejan en la lengua en la que se inventaron. Además, después de traducir diez manuales de instrucciones de cualquier aparato, o diez prospectos de cualquier medicamento, un traductor científico-técnico es capaz de construir un glosario que le sirva de base para todo tipo de manuales o prospectos futuros. Así pues, la traducción científico-técnica no es más fácil ni más difícil, sino más metódica y con muy poca implicación humana. De este extremo, pasamos al término medio: la traducción periodística y publicitaria. En este tipo de textos ya podemos encontrar frases hechas, eslóganes o expresiones propias de una lengua viva que, a la hora de trasladarlas a la lengua meta, tienen que pensarse un poco más (o bastante, diría yo). Aquí entra en juego la equivalencia dinámica de Nida, una técnica con la que se pretende crear en el receptor de la traducción la misma reacción que tuvo el receptor del original. Aunque eso implique cambiar palabras o frases enteras del texto. Aunque conlleve cambiar el sentido del eslógan o del anuncio, ya que el objetivo aquí es el público. Por último, llegamos a la traducción completamente literaria; en ella se incluyen textos narrativos, líricos y el teatro. De esas categorías, quizá los más complicados de traducir sean los textos líricos, la poesía. De hecho, me parece imposible por completo conseguir traducir un poema. Sería necesario mantener la métrica, la rima y el sentido. Es algo muy complicado y, por ahora, no conozco a nadie que lo haya hecho bien. Sí, he leído poemas muy bien traducidos, en cuanto a ritmo y métrica, pero que no tienen sentido ninguno en español. Y la solución contraria: prosificar, o cambiar la rima, de un poema con tal de transmitir su sentido completo. Por otro lado, creo que la dificultad que tienen una novela y una obra de teatro para ser trasladadas a otro idioma es, sobre todo, la construcción de los personajes. Puesto que una manera de ser se manifiesta mediante el lenguaje, hay que conseguir crear el mismo personaje, con el mismo carácter, pero utilizando las estrategias lingüísticas de la lengua meta. Lo que para un inglés es una persona sarcástica, un español puede percibirlo como antipatía o sequedad. Por lo tanto, hay que tener muy en cuenta cómo sería ese personaje en la cultura de llegada, antes de traducir sus diálogos.

Quizá mi esta opinión cambie algún día, no lo sé. Me quedan muchas cosas por leer, por comprobar y por aprender. En el caso de que ocurra, escribiré una entrada retractándome de todo lo que acabo de decir aquí :).

Traducción literaria III – Método, estrategia y técnica de traducción

En los dos meses anteriores he intentado (con éxito, espero) establecer las diferencias entre los conceptos de estrategia, método y técnica de traducción. Además, me he centrado tanto en el método, como en la estrategia. Por lo tanto, este mes queda por explicar el último concepto: la técnica. Con la entrada de hoy, queda cerrado este capítulo de «teoría» traductológica. Si queréis repasar las definiciones de los otros dos términos, solo tenéis que hacer clic aquí, para el método, y aquí para la estrategia. Ahora sí, vamos con las diferentes técnicas de traducción que existen.

A día de hoy, hay numerosos listados que recogen técnicas de traducción, ya que, al igual que los métodos y las estrategias, el concepto de técnicas de traducción es muy importante. Los horizontes entre los tres términos se difuminan con mucha facilidad y es muy complicado no entremezclar significados. Hurtado Albir simplifica la explicación y permite ver de manera concisa en lo que difiere cada uno: «A diferencia del método, que es una opción global que recorre todo el texto y que afecta al proceso y al resultado, la técnica afecta solo al resultado […]. A diferencia de las estrategias, que pueden ser no verbales y que se utilizan en todas las fases del proceso traductor para resolver los problemas encontrados, las técnicas se manifiestan únicamente en la reformulación en una fase final de toma de decisiones».

4.1. Técnicas de traducción según Vinay y Darbelnet

Estos dos autores fueron los precursores a la hora de exponer lo que ellos mismos denominaron procedimiento técnico de traducción. Establecieron una primera división entre técnicas directas y técnicas oblicuas, que a su vez se subdividen en siete categorías.

Dentro de las directas se encuentran los siguientes procedimientos:

a) Préstamo: consiste en transcribir la palabra del texto original directamente en el texto meta, es decir, dejar el término sin traducir.

b) Calco: es una variante del préstamo. Se trata de traducir palabra por palabra una expresión idiomática o estructura sintáctica de la lengua de partida.

c) Traducción literal: es la traducción palabra por palabra y se debería emplear cuando las lenguas pertenecen a la misma familia.

Cuando ninguna de las técnicas anteriores es posible, es necesario aplicar entonces los procedimientos oblicuos:

a) Transposición: consiste en reemplazar una parte del discurso por otra sin alterar el sentido del mensaje original.

b) Modulación: se trata de cambiar el punto de vista de la oración.

c) Equivalencia: esta técnica se emplea cuando las dos lenguas son capaces de expresar la misma realidad pero con estructuras o expresiones totalmente distintas.

d) Adaptación: se utiliza cuando una situación de la cultura original no existe en el sistema cultural del texto de llegada.

Además de estos siete procedimientos principales, hay que destacar que Vinay y Darbelnet expusieron otros nueve que se suelen explicar, a excepción de dos de ellos, mediante pares opuestos:

a) Compensación: se trata de incorporar en otra parte del texto una información que no se ha podido colocar en la misma parte en la que aparece en el texto original.

b) Amplificación/Economía: la amplificación consiste utilizar un mayor número de palabras en la lengua meta para expresar el mismo sentido que en la lengua de partida; la economía es lo opuesto.

c) Explicitación/Implicitación: la explicitación se lleva a cabo mediante la extracción de un significado implícito del texto original para escribirlo de manera explícita en la traducción; el proceso inverso es la implicitación.

d) Generalización/Particularización: la generalización es traducir un término específico del texto original por una palabra mucho más general en la lengua meta; la particularización es el acto contrario.

e) Gramaticalización/Lexicalización: se trata de transformar una palabra en una estructura gramatical o viceversa.

f) Inversión: consiste en trasladar un sintagma del texto original para conseguir una estructura correcta en la lengua meta.

Completan esta lista la articulación/yuxtaposición, la disolución/concentración y la ampliación/condensación.

4.2. Técnicas de traducción según Newmark

El traductólogo propuso dieciocho técnicas de traducción. Dentro de los nuevos conceptos se encuentran:

a) Naturalización: es, básicamente, lo que los autores del apartado anterior consideraban como préstamo.

b) Traducción reconocida: se da cuando el traductor opta por una traducción que está aceptada en la cultura de llegada pero que no es del todo correcta.

c) Equivalente funcional: es la traducción de un término concreto del texto original por una palabra general de la lengua meta, pero añadiéndole otro vocablo que le aporte un significado más específico.

d) Etiqueta de traducción: en palabras de la doctora en Traducción, Lucía Molina, es una «traducción provisional, generalmente de un término nuevo; en principio, podría valer una traducción literal».

4.3. Técnicas de traducción según Hurtado Albir

Su relación de técnicas de traducción se compone de algunas ya enumeradas por Vinay y Darbelnet. En cuanto a las novedades, podemos encontrar:

a) Sustitución: es el intercambio de elementos lingüísticos con elementos paralingüísticos.

b) Variación: es una sustitución que se lleva a cabo cuando hay que modificar el tono del texto, el estilo o el dialecto.

c) Creación discursiva: en palabras de la propia autora, «se establece una equivalencia efímera, totalmente imprevisible fuera de contexto».

d) Compresión lingüística: consiste en simplificar o reducir elementos lingüísticos.

4.4. Las técnicas más usadas en la traducción literaria

La mayor parte de técnicas de traducción que se han mostrado en los apartados anteriores son generales y pueden aplicarse a la traducción de cualquier índole. Sin embargo, algunos son específicos de un tipo de traducción (literaria, audiovisual, jurídica, técnica, etc.) o, incluso, de la interpretación. En esta sección del trabajo, nos centraremos en encontrar cuáles son las técnicas más utilizadas en el mundo de la traducción literaria, o cuáles se podrían considerar más apropiadas para este tipo de traducción.

Al igual que ocurre con los otros tipos de traducción, el traductor literario debe desarrollar ciertas destrezas o habilidades propias del tipo de texto con el que trabaja para poder obtener un resultado impecable. Un buen traductor de literatura tiene que ser capar de leer entre líneas, de llegar a comprender por completo lo que quería transmitir el autor del texto de partida para poder reexpresarlo en la lengua meta. Tiene que ser capaz de traducir tanto lo que se dice en el texto original, como lo que no.

Si hay algo que caracteriza a la mayoría de textos literarios es la cantidad de referentes culturales particulares que contienen, y eso, como es lógico, conlleva una serie de inconvenientes a la hora de traducirlos y situarlos en la cultura de la lengua de llegada. Por eso, se podría decir que la técnica que debería situarse a la cabeza de esta clasificación es la adaptación. Teniendo esto en cuenta, la técnica de traducción literal debería ser completamente descartada en la traducción literaria, ya que tal y como se ha dicho unos párrafos más arriba, el traductor de una novela o un poema debe ver más allá de las palabras.

Por otro lado, también son de gran ayuda la ampliación lingüística y el préstamo. La primera, cuando la lengua original contiene verbos muy específicos o estructuras sintácticas demasiado concisas que si se tradujeran tal cual, no terminarían de comprenderse en la lengua de llegada. En cuanto a la segunda, en ocasiones ocurre que el autor original introduce palabras inventadas en su obra, dejando al traductor con el dilema de intentar crear un término nuevo que se adapte mejor en su lengua o recurrir al préstamo y transcribirla tal cual estaba en el texto meta.

Sin embargo, hay circunstancias en las se debe recurrir a una técnica opuesta: la omisión o elisión. Esto implica eliminar información del texto original y no incluirla en la traducción. Suele suceder por determinadas normas de la editorial, por algún tipo de censura, en el caso de una adaptación para un público específico, o simplemente porque el traductor, según su criterio propio, ha decidido que esa parte del texto no sería relevante para los lectores de la cultura meta.

Por último, hay que concederle la misma importancia a la compensación, ya que la tarea de omitir cierta información en una parte determinada del texto y saber introducirla de nuevo en un fragmento diferente requiere una destreza impecable. Desde un punto de vista personal, dicha técnica junto con la adaptación podrían considerarse esenciales en el proceso de la traducción literaria.

Traducción literaria II – Método, estrategia y técnica de traducción

El mes pasado, en esta sección, os mostré la diferencia entre estos los conceptos método, estrategia y traducción y me centré en la estrategia. En la entrada de hoy, voy a dedicarme a hablaros del método de traducción y os enseñaré algunas de las clasificaciones que hay propuestas. Si queréis leer la entrada anterior, para recordar las diferencias, os dejo el enlace aquí.

Antes de profundizar en los distintos métodos de traducción, es necesario destacar que no es lo mismo el método que la metodología. El Diccionario de la Real Academia Española define método como: «modo de decir o hacer con orden»; mientras que metodología aparece definida como: «ciencia del método». Es decir, la metodología es la parte teórica que estudia el método o conjunto de métodos y el método se refiere al procedimiento. El método es un concepto más bien abstracto, si lo comparamos con la técnica o la estrategia, y difícil de comprender ya que no se puede observar de manera directa en la traducción. El concepto de método está ligado con el concepto de equivalencia, otro de los términos más abstractos del campo de la traducción. Por lo tanto, las distintas clasificaciones de métodos de traducción que os muestro a continuación están basadas principalmente en lo que cada autor entiende por equivalencia.

Los métodos de traducción han creado siempre controversia a lo largo de la historia de la traducción, sobre todo, la clásica dicotomía de traducción libre/traducción literal, cuya prevalencia la una sobre la otra ha ido variando según la época histórica. Por lo general, casi todas las propuestas de métodos de traducción que han realizado los estudiosos del campo han sido a partir de una dicotomía, pero analizándola desde distintas perspectivas

Métodos de traducción según Newmark

Peter Newmark es considerado uno de los traductólogos más importantes en este campo. Sin duda, una de sus mayores aportaciones al mundo de la traducción fue su análisis del método de traducción. Newmark propone una dicotomía que parte directamente del estudio de Eugene Nida sobre la equivalencia. Nida defendía que existían dos tipos de traducción: traducción por equivalencia formal, que pretendía mantener la misma forma lingüística del original, respetando el léxico, la sintaxis, etc.; y traducción por equivalencia dinámica, que consistía en producir en el receptor de la traducción el mismo efecto que produjo el texto original en los receptores de la cultura de origen. Basándose en esto, Newmark divide los métodos de traducción en traducción semántica y traducción comunicativa. Así como la equivalencia formal, la traducción semántica se asemeja más a traducir (en medida de lo posible) de manera literal, pero siempre siendo fiel al sentido; mientras que la traducción comunicativa se centra en transmitir el mismo efecto que el texto original, al igual que la equivalencia dinámica de Nida.

Métodos de traducción según House

El método de traducción propuesto por Juliane House se extrae directamente de su estudio sobre el análisis de traducciones. Según House existen dos métodos de traducción: traducción encubierta y traducción patente. En cuanto a la traducción patente, consiste en generar un texto traducido íntimamente ligado a las estructuras y a la cultura del original, es decir, crear una traducción que la cultura receptora considere traducción. Respecto  a la traducción encubierta, se trata de adaptar la traducción a la cultura de llegada, una especie de proceso de «reescribir» el original para que los receptores de la cultura meta perciban la traducción como un texto original.

Métodos de traducción según Venuti

En el caso de Venuti, el traductólogo estableció que había dos métodos opuestos basándose principalmente en la visibilidad que quisiera darse el traductor a sí mismo; estableció la siguiente dicotomía: extranjerización/domesticación. Por un lado, con la extranjerización, el traductor queda totalmente visible puesto que se limita a traspasar las mismas estructuras y elementos culturales de la cultura original, mientras que con la domesticación, el traductor realiza una aproximación mayor del texto original a la cultura meta y los receptores no perciben la traducción como un texto ajeno a su cultura.

Este método es muy utilizado en el caso de la traducción literaria, puesto que el traductor, ante una obra de literatura extranjera, se plantea si es posible mantener los elementos de la cultura original y que los receptores de la traducción sepan en el primer vistazo que se trata de un texto traducido, o bien adaptar esos elementos y acercar de esa manera el texto original a la cultura receptora.

Métodos de traducción según Hurtado Albir

A diferencia de los anteriores, Hurtado Albir no basa su propuesta en una dicotomía, sino que propone cuatro métodos, que ella misma denomina «Métodos básicos» (2001: 252):

a) Método interpretativo-comunicativo: consiste en intentar que la traducción tenga la misma función que el texto original y en transmitir el mismo efecto.

b) Método literal: se trata de traducir palabra por palabra o frase por frase, imitando las estructuras sintácticas del original.

c) Método libre: pretende mantener la misma información y función del texto original pero no trata de transmitir el sentido exacto.

d) Método filológico: consiste en reproducir el texto original en la lengua de llegada pero añadiendo comentarios y anotaciones con un fin educativo.

Traducción literaria I – Método, estrategia y técnica de traducción

En esta entrada y en las dos siguientes de esta sección, voy a intentar explicar la diferencia entre estrategia, método y técnica de traducción. Mientras he sido estudiante, distinguir esos tres conceptos me era bastante difícil. Así que, cuando tuve la oportunidad de hacer un trabajo de investigación, de tema libre, para una asignatura del máster, me decanté por esto. Decidí ponerme manos a la obra y aclararme de una vez con estas tres palabras, que parecen lo mismo pero tienen poco que ver. Hoy me voy a centrar en explicar la distinción entre ellas y, concretamente, en la estrategia de traducción.

Distinción entre método, técnica y estrategia

Los traductores deben tener en cuenta que, para traducir un texto de manera eficaz, es indispensable conocer qué método y estrategias utilizar antes de comenzar a traducir. Es fundamental analizar los problemas que se pueden presentar durante el proceso, plantear posibles soluciones y escoger la más adecuada, teniendo en cuenta que cada obstáculo se va a solucionar de una forma concreta, y que el recurso utilizado probablemente no sea válido para el siguiente problema que aparezca en el texto. Por ejemplo, los problemas léxicos se resuelven de forma distinta que los problemas que tienen que ver con estructuras gramaticales inexistentes en la lengua meta, así como el dilema que se crea en la mente del traductor cuando se encuentra con elementos culturales de la cultura del texto origen y que los receptores de la cultura meta no entenderían si se tradujeran de manera literal.

La traductóloga Amparo Hurtado Albir expone en su libro, Traducción y Traductología (2001), las definiciones de estrategia, método y técnica de manera clara:

Método traductor: Desarrollo de un proceso traductor determinado regulado por unos principios en función del objetivo del traductor, respondiendo a una opción global que recorre todo el texto.

Técnica de traducción: Procedimiento, visible en el resultado de la traducción, que se utiliza para conseguir la equivalencia traductora a microunidades textuales; las técnicas se catalogan en comparación con el original.

Estrategia traductora: Procedimientos, conscientes e inconscientes, verbales y no verbales, internos y externos, utilizados por el traductor para resolver los problemas encontrados en el desarrollo del proceso traductor.

Esto, en palabras más simples, se refiere a que el método es una elección de carácter global en cuanto al texto, la estrategia es de carácter individual y la técnica es la aplicación práctica de lo anterior, también de carácter individual y concreto. Las estrategias y técnicas pueden variar en un mismo texto, sin embargo, el método elegido debe ser el mismo para todo el conjunto.

Estrategias de traducción

El concepto de estrategia de traducción es, junto con el de método, uno de los que crean mayor confusión en el campo de la Traductología. Partiendo de las definiciones que aparecen más arriba, sería posible decir que la principal diferencia entre método y estrategia es que el primero es un proceso de carácter global y la última es un proceso que se lleva a cabo en partes concretas del texto. Dentro de la disciplina de la traducción, el término estrategia se ha llegado a utilizar para hablar tanto de los métodos de traducción, como de los procedimientos que se llevan a cabo para solucionar los problemas que van surgiendo durante el proceso traductor. A nivel del traductor de a pie, se confunden sobre todo estrategia y técnica. Por ello, voy a intentar establecer una definición lo más clara posible del primero, para marcar las diferencias entre ambos términos.

De manera general, el concepto de estrategia viene del ámbito cognitivo del lenguaje, ya que se trata del proceso mental que se lleva a cabo para solventar un problema. En el ámbito concreto de la traducción, tal y como explica Hurtado Albir en su libro, es necesaria una investigación mayor y desde diferentes puntos de vista, debido a la complejidad del estudio de los procedimientos mentales del ser humano. La traductóloga afirma que existen estrategias de varios tipos: las que se llevan a cabo para la comprensión del texto original, las relacionadas con la solución de problemas o las de obtención de documentación; también hay estrategias a distinto nivel, las que tienen que ver con el texto de manera general y las que se aplican a una parte específica del mismo; estrategias que tienen que ver con la modalidad de traducción que se esté realizando, ya sea interpretación en todas sus variantes o traducción escrita; estrategias usadas según problemas de traducción específicos, aunque nunca se emplean las mismas para los mismos problemas; y, por último, estrategias destinadas a mejorar tanto el proceso de traducción como el resultado obtenido.

Existen un montón de recopilaciones de estrategias según los criterios anteriores. Sin embargo, yo me quedo con la propuesta que realiza Frederic Chaume en una de sus publicaciones, en el año 2005:

a) Estrategias de documentación: contrarrestan la falta de conocimientos que pueda tener el traductor sobre la cultura del texto origen.

b) Estrategias para la comprensión del texto origen: incluyen los distintos análisis que realiza el traductor sobre el texto original antes de realizar la traducción en sí, a partir de los cuales se reconoce el tipo de texto y los problemas que pueden surgir.

c) Estrategias para la reexpresión del texto meta: estas estrategias tienen que ver con el método de traducción elegido previamente por el traductor y son las que marcarán las técnicas de traducción concretas para solventar los problemas que puedan aparecer en el traspaso de información de una lengua a otra.

d) Estrategias nemotécnicas: se trata de técnicas de memorización que son útiles para recordar qué procesos ya han sido utilizados a lo largo del proceso de traducción.

A fin de cuentas, no existe un repertorio único y universal de estrategias que se pueda memorizar y manejar, a modo de manual de instrucciones durante el proceso de traducción. Lo que debe tenerse en cuenta son los numerosos aspectos de un texto e intentar elegir la estrategia más acertada en cada caso.