Autores coetáneos VI – Lope de Vega y Miguel de Cervantes

En esta entrega de «Autores coetáneos» vengo a hablaros de dos de las figuras más importantes del Siglo de Oro español; sin embargo, entre ellos existía una relación tensa y no se tenían en alta estima. Se trata del escritor Miguel de Cervantes y del dramaturgo Lope de Vega. Ambos vivieron a mediados del siglo XVI y principios del XVII y compartieron escena en el ámbito de la literatura española.

Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares, en el año 1547, y murió en Madrid, en 1616. Fue un escritor y soldado español, que no recibió en vida el reconocimiento que merecía. Escribió novela, poesía y teatro; podríamos decir que «tocó todos los palos». Poco se puede decir que no se conozca ya de este ilustre individuo y mi intención aquí no es relatar su biografía. Se necesitaría una entrada muy larga para ello. Me limitaré a dar las pinceladas básicas de su vida y obra, para así poder ponernos en contexto y compararlo con el otro autor de hoy.

Era el tercero de cinco hijos que tuvo su padre, que era cirujano. De los veinte primeros años de su vida no se conoce prácticamente nada, solo que en 1566 se instala en Madrid y poco tiempo después inicia su carrera de escritor con algunas obras de poesía. En 1571 se alista en el ejército, junto a su hermano Rodrigo, y combatieron en la batalla de Lepanto; ahí recibió tres disparos, uno de los cuales le hizo perder su mano izquierda, dando lugar al nombre «manco de Lepanto». Tras una serie de batallas, decide volver a España para recibir sus condecoraciones. Sin embargo, durante el camino en el año 1575, es capturado como esclavo y llevado a Argel, donde permanece cinco años. Este hecho, es uno de los que más marcan las obras de Cervantes. Finalmente, consiguen rescatarlo en 1580. En los años posteriores, tiene una hija con Ana Franca de Rojas y, poco después, se casa con Catalina de Salazar. Cuando tenía sesenta y ocho años, murió a causa de la diabetes.

A partir de su rescate, volvió a crear literatura con algunas obras teatrales, intentando aprovechar el impulso que habían cogido los espectáculos en España. El teatro siempre fue su pasión, aunque no le dio ni reconocimiento ni soltura económica. Porque, al contrario de lo que se pueda pensar, Miguel de Cervantes no vivió como un rico o como alguien de una escala social alta. Se conservan once comedias completas y algunos entremeses, como La gran sultana o El gallardo español. Su primera novela fue La Galatea, publicada en 1585. Pero, sin duda alguna, su obra cumbre fue El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605). Obra conocida y famosa en el mundo entero, traducida y copiada, a la que le han salido hasta continuaciones de otros autores. Dentro del canon literario español, es la obra más importante, además de una de las más significativas de la literatura universal. Se considera la primera novela moderna y la primera que rompe con el género de las novelas de caballerías, puesto que se burla de ellas. La influencia de don Quijote en el resto de novelas del mundo es innegable. Otra de sus obras más importantes son las Novelas ejemplares, publicadas en 1613: una colección de doce novelas cortas, de carácter moral y didáctico.

Por otro lado, tenemos a Lope de Vega Carpio, autor de poesías y obras de teatro que triunfó en su época e, incluso, sigue triunfando a día de hoy. Nació en Madrid en el año 1562 y murió en 1635, en la misma ciudad. En este caso, tampoco es necesario explayarse  con su biografía, ya que es conocido por todos. Perteneció a una familia humilde, junto con sus padres y sus cuatro hermanos. Hay que destacar que pasó algunos años viviendo encasa de su tío, don Miguel de Carpio, inquisidor de Sevilla, que influyó en su educación. Siempre brilló por su inteligencia y desde muy pequeño ya leía en latín y en castellano. Tenía un don para la escritura: su primera comedia la escribió entre los once y los doce años. Siempre tuvo una conducto libertina, por lo que sus protectores dejaron de pagarle los estudios y tuvo que empezar a trabajar de secretario de gente noble, mientras escribía alguna que otra pieza teatral. También estudió matemáticas y astrología, hasta que un lío de faldas lo llevó al destierro de la corte durante casi ocho años. En 1598 se casó y tuvo cuatro hijos, aunque nunca dejó a sus antiguas amantes, ni a los hijos que tenía con ellas. En el año 1614, tras una serie de fallecimientos de familiares, Lope de Vega decide ordenarse sacerdote. Sin embargo, el sacerdocio no le impidió seguir con sus relaciones y amoríos, montando más de un escándalo.

En cuanto a su obra, tiene cuatro novelas publicadas: La Arcadia, El peregrino de su patria, La Dorotea y Pastores de Belén. También escribió poesía, entre la que destacan las Rimas sacras, que escribió cuando se convirtió en sacerdote. Pero por lo que destacó en su carrera literaria, fue por sus obras de teatro. Es el creador del teatro clásico español y su obra Arte nuevo de hacer comedias lo confirma. Mezclaba tragedias y comedias en una sola obra, además de no respetar en absoluto las leyes, en ese momento impuestas, del teatro italiano. Así, consiguió hacerse con un hueco y un nombre en el Siglo de Oro español. Algunas de sus piezas son: La dama boba, La moza del cántaro, El caballero del milagro, Los locos de Valencia, El perro del hortelano o Fuenteovejuna.

Como se puede observar, las vidas de estos dos coetáneos fueron muy diferentes. Aún así, y con una diferencia de edad de quince años, se convirtieron en íntimos amigos. Se lanzaban halagos allá por donde iban y también en sus escritos. Cervantes llegó a llamar a Lope de Vega «monstruo de la naturaleza», por su capacidad para crear. Sin embargo, la pasión de Cervantes siempre fue el teatro, un escenario en el que nunca llegó a triunfar del todo. Mientras tanto, su amigo se ganaba la vida con dicha pasión. Poco a poco, el autor del Quijote dejó de contener su frustración hacia la figura del que hasta entonces era su amigo, y comenzó la mala relación. Esto, por supuesto, no está comprobado; no se conoce la razón real por la que se pelearon. Tampoco se sabe quién inició las discusiones; algunos dicen que Lope de Vega tenía mucho ego y se veía superior a los demás, y otros dicen que la envidia pudo con Cervantes. Fuera como fuese, la verdad es que acabaron en una «batalla campal» de textos y publicaciones atacándose el uno al otro.

Una verdadera lástima, puesto que la conjunción de dos genios como estos habría dado lugar a una obra magnífica. Imaginad que hubieran trabajado mano a mano en una novela o una pieza teatral. Seguramente se habría convertido en la obra que representara a la literatura española, a lo largo de todos estos siglos.

Autores coetáneos V – Jane Austen y Charlotte Brönte

¿Quién no ha oído hablar de estas dos escritoras? No fueron exactamente coetáneas, pero faltó muy poco. Las dos eran mujeres, británicas, novelistas y del siglo XIX. Tienen muchas cosas en común; incluso se conservan las opiniones de Charlotte Brönte sobre las obras de Jane Austen. Por eso me gustaría dedicar esta entrada a hablar de estas dos grandes autores juntas. Como ya he dicho, no vivieron durante la misma época aunque, de manera global, casi podrían considerarse del mismo tiempo. Jane Austen murió cuando Charlotte Brönte tenía un año.

Jane Austen (1775-1817) nació en Inglaterra y fue la pequeña de siete hermanos. Su padre era el reverendo de Steventon, así que dos de sus hermanos acabaron perteneciendo también al mundo del clero. Otros dos se unieron al ejército y el quinto se convirtió en el señor de unas tierras heredadas de un primo, en Kent. Su única hermana, Cassandra, nunca se casó, al igual que Jane. La familia Austen se mudó varias veces, dándole a Jane la posibilidad de vivir en lugares como Kent, Bath, Chawton o Southampton. Estos lugares, junto con los distintos destinos costeros de sus vacaciones, le proporcionaron a la escritora la inspiración y los espacios en los que situar sus novelas. En sus obras, refleja la clase noble rural de la sociedad inglesa de finales del siglo XVIII, y lo hace a la perfección ya que ella formó parte de la misma. Gracias a la buena situación económica de su familia, pudo dedicarse a escribir durante toda su vida. En 1816, contrajo la enfermedad de Addison y murió en Winchester un año después. Sus obras más famosas son Orgullo y prejuicio, Emma, Persuasión, y Sentido y sensibilidad. Este último ha sido siempre muy polémico debido a la traducción de su título. Pero ese asunto lo dejaremos para una entrada de «Traducción literaria». Además de la calidad de sus novelas, hay que destacar que cuando empezó a publicar, no utilizaba su nombre, sino el seudónimo «A Lady».

Por otro lado, tenemos a Charlotte Brönte (1816 – 1855). Esta británica era la tercera de seis hermanos, cuyo padre también era reverendo, en su caso, de un rectorado de Yorkshire. Sus dos hermanas pequeñas, Emily y Anne, también son escritoras conocidas, como ya sabemos. Su vida familiar fue bastante trágica, ya que su madre murió muy joven. Las niñas fueron enviadas a un internado en el que murieron sus dos hermanas mayores, María y Elisabeth, de tuberculosis. Las demás regresaron a casa, aunque las vivencias en aquel lugar (junto con la mayor parte de situaciones que vivió más adelante) le sirvieron a Charlotte de inspiración para su obra cumbre: Jane Eyre. El único hermano varón de la familia murió, también de tuberculosis, así como Emily y Anne. Tras todos estos fallecimientos y desgracias, Charlotte se queda sola con su padre, viviendo en amargura. En 1852 se casó y murió tres años más tarde, estando embarazada, a causa de la misma enfermedad que toda su familia. Además de escribir, fue profesora; incluso intentó crear una escuela privada. En cuanto a su producción literaria, comenzó escribiendo con sus hermanas y llegaron a publicar obras, como un libro de poemas escrito en su mayoría por Emily, bajo los seudónimos masculinos Ellis, Acton y Currer Bell. Después del éxito de Jane Eyre reveló su identidad. Otras de sus novelas más importantes son Villette o Shirley.

Como podréis observar después de comparar ambas biografías, sus vidas fueron muy distintas. A pesar de ser las dos hijas de un reverendo, no tuvieron el mismo nivel de vida ni posición social. Sus obras tampoco tienen mucho en común, la verdad. Jane Austen se dedica a retratar la vida de la campiña inglesa, con las historias de amoríos entre nobles, mientras que Charlotte Brönte prefiere describir vidas llenas de sufrimientos y desgracias que sus protagonistas femeninas deben superar. De hecho, existe una carta, de la propia Brönte a su editor literario, en la que critica abiertamente a Jane Austen y sus obras: «Jane Austen fue una dama sensible y completa, pero una mujer muy incompleta e insensible —no insensata—, y si esto es una herejía, no puedo evitar decirlo». Algunos la tachan de envidiosa, sin embargo, creo que es una opinión bastante respetable. Por otro lado, el crítico literario George Henry Lewes, en 1848, le recomendó que escribiera con un estilo más comedido, sin tantas pasiones, como hacía Jane Austen. A partir de ahí, Charlotte dejó de frenar su inquina y acusó a su «rival» de no tener poesía (y, por consiguiente, arte) en sus obras.

Desde mi punto de vista y dejando a un lado la rivalidad solitaria de Brönte (digo solitaria porque cuando Charlotte decidió criticarla, Jane Austen llevaba treinta años muerta), son escritoras muy diferentes pero cada una es buena en su estilo. Creo que deberían leerse por igual y así poder comparar, de manera sana, su literatura. No veo necesario poner a una sobre la otra, sino alabarlas y recomendarlas por igual.

Autores coetáneos IV – Hildegarda de Bingen y Eloísa

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Hoy viajamos de nuevo muchos años atrás, hasta el siglo XII, para conocer a dos autoras que coexistieron y comparar sus obras. Se trata de la alemana Hidelgarda de Bingen y de la francesa Eloísa.

Imagen: Desagravio.info

Hildegarda de Bingen nació en el año 1098 y murió en 1179. Fue una importante abadesa, conocida como la líder monacal femenina más influyente de su época. Tenía una gran inteligencia y la dedicó a un amplio abanico de asuntos: escritura, medicina, filosofía, teología, música y misticismo. Nació en una familia acomodada y noble, que la entregó a la vida religiosa prácticamente desde su nacimiento. Su institutriz le enseñó latín, canto gregoriano, a leer y a escribir. Ella y su mentora se retiraron a la clausura en un espacio anexo a un monasterio masculino. Poco a poco, iban uniéndose más monjas hasta que se convirtió en un pequeño monasterio bajo la regla benedictina. Cuando su mentora murió, Hildegarda fue nombrada abadesa, a pesar de su juventud. Escribió tratados sobre ciencia y naturaleza, pero su obra más importante es Scivias, que traducido de manera literal significa «conoce los caminos». Es una obra en la que la autora recoge todas las visiones que tiene. Dichas visiones las tuvo desde pequeña, pero no fue hasta la edad adulta cuando decidió ponerlas por escrito y publicarlas. El libro está escrito entre 1141 y 1152 y en él se explican multitud de dogmas de la fe católica, mediante las visiones de la autora, que refleja con dibujos e ilustraciones. Liber vitae meritorum y Liber divinorum operum son las otras dos obras famosas de esta visionaria e importante mujer de su tiempo.

Imagen: Duna FM

Por otro lado, tenemos a Eloísa, considerada la precursora de la literatura epistolar francesa y una de las primeras mujeres de letras de Occidente. Nació en 1092 y falleció en el año 1164, como priora de Paraclet. Fue hija ilegítima de una abadesa y de un padre desconocido, por lo que fue criada por su tío, Fulberto. Le proporcionó una educación propia de la nobleza, pero la niña cometió el «error» de enamorarse de su maestro, Abelardo. A partir de ahí, su vida se convirtió en una telenovela de amor cortés, de fugas, de casamientos de tapadillo y de sufrimiento, puesto que su tío los persiguió y terminó por castrar a Abelardo. Os podréis imaginar el sufrimiento de la muchacha… Su vida fue trágica pero dio lugar a una producción de cartas, dedicadas a Abelardo, gracias a las cuales entró a formar parte de la literatura francesa. En esas cartas, conocemos de primera mano los sentimientos y pensamientos de Eloísa, así como los detalles de su relación con Abelardo. Algo completamente inadecuado para su época, en la que no estaba bien visto que una mujer expresara lo que sentía y, mucho menos, por escrito. Después de la tragedia de Abelardo, deciden meterse cada uno en un monasterio (en contra de la voluntad de Eloísa) y así es como se convirtió en abadesa. Además, llegó a querer establecer una regla monástica exclusivamente femenina. Hasta nuestros días, han llegado un canto fúnebre y las cartas que le escribió a su amado, siendo estas las más importantes de su trayectoria literaria. También hay que destacar que escribió música, de la que no tenemos nada, y reescribió todas las reglas del monasterio de Paraclet.

Creo que, de todas las entradas de «Autores coetáneos» que he escrito, esta es en la que más diferencias hay entre las dos autoras. Nacieron y murieron prácticamente en los mismos años y, sin embargo, su producción literaria es diferente por completo. Mientras que Hildegarda se dedica a establecer dogmas y a estudiar diferentes ramas del saber, Eloísa consagra la mayoría de sus escritos a contarle al mundo (aunque ella en ese momento no lo sabía) lo que siente por su amado y las consecuencias de su amor. Muy diferentes, sí, pero igualadas en la importancia que le dan a la literatura y al papel de la mujer en aquellos tiempos difíciles.

Autores coetáneos III – Dante y Don Juan Manuel

El mes pasado, os hablé de la vida de dos escritores medievales importantes: el Arcipreste de Hita y Bernardo Gui. Coexistieron durante algunos años y es curioso comparar su producción literaria. Si no lo leísteis, os dejo el enlace aquí. Para la entrada de este mes, he decidido investigar sobre otros dos autores muy conocidos; se trata del italiano Dante Alighieri y el español Don Juan Manuel.

El infante don Juan Manuel nació en Toledo, en el año 1282, y murió en Córdoba, alrededor de 1348. Era miembro de la casa real, puesto que era sobrino de Alfonso X el Sabio, y durante toda su vida participó en las actividades políticas de la corte. Dirigió grandes ejércitos y llegó a ostentar una gran fortuna gracias a su condición de noble caballero. Todo este ir y venir de batallas y tejemanejes políticos lo compaginó con su actividad como escritor. Este hecho se vio favorecido por la preocupación de su familia por la cultura y la lengua castellana. No hay que olvidar que su tío impulsó la maravillosa Escuela de Traductores de Toledo. Sin embargo, en la corte no estaba bien visto que un caballero de su rango se dedicara a la actividad literaria. Se considera uno de los autores más importantes de la prosa medieval, con función didáctica, y llegó incluso a escribir obras en la lengua vulgar, con el fin de que llegara a un público más amplio.

A pesar de todas las críticas, llegó a escribir hasta trece obras, de las cuales solo se conservan ocho. Algunos títulos son: Crónica abreviada, Libro de caza, Libro del cavallero et del escudero, Libro de las tres razones o Libro infinido. Pero, sin duda, su obra maestra y universalmente conocida es el Libro del Conde Lucanor. Fue escrita entre 1331 y 1335 y su nombre completo es Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio. El objetivo del libro es moralizante y está compuesto por cincuenta y un cuentos, o exempla, en los que el Conde Lucanor le pide consejo a su empleado, Patronio. Este le responde contándole una historia, que contiene una enseñanza moral. La estructura y el final de cada uno de esos cuentos son muy similares entre sí.

Por otro lado, qué decir del gran Dante Alighieri. El poeta  italiano nació en Florencia, en torno a 1265, y falleció en Rávena en 1321. Luchó siempre de manera activa por la unidad italiana y escribió algunos tratados sobre política, filosofía y literatura. Es conocido por ser el encargado de la transición del pensamiento medieval al renacentista. De su educación, se sabe que estudió en casa y que sentía predilección por la Escuela Siciliana y el poeta Virgilio. A causa de su implicación en varias revueltas políticas, Dante fue expulsado de su ciudad.

En cuanto a su creación literaria, la mayor parte de dedicada a su amada Beatriz, se conservan tres obras suyas: Vita nuova, sobre el amor platónico, en la que se alternan treina y un poemas con cuarenta y dos fragmentos en prosa; De vulgari eloquentia, un ensayo que escribió durante su destierro y que trataba el tema del habla popular; y la Divina comedia, su obra cumbre y que le aporta casi toda su fama.

La Divina comedia es considerada una obra maestra de la literatura universal. Fue compuesta entre 1304 y la muerte del propio autor. Está escrita en dialecto toscano y se compone de tres partes: Inferno, Purgatorio y Paraíso. Cada una de esas partes está, a su vez, dividida en treinta y tres cantos. Se trata de una epopeya alegórica y puede interpretarse de hasta cuatro maneras distintas. Tal es su dificultad, que en las ediciones actuales suele venir acompañada de anotaciones explicativas para el lector.

Como se puede observar, ambos escritores coexistieron durante al menos cuarenta años y sus escritos han llegado a estar en el canon de la literatura universal durante siglos, hasta nuestros días. Su producción literaria es bastante diferente: mientras que el español se dedicaba a escribir libros didácticos, el poeta italiano prefería expresar sus sentimientos mediante símbolos y metáforas. Por otra parte, hay que reconocer que, en la actualidad, es muy difícil encontrar libros que tengan una calidad similar y cuya fama perdure, prácticamente, para siempre.

Autores coetáneos II – El Arcipreste de Hita y Bernardo Gui

Arcipreste de Hita

El primero seguro que os suena a todos; el segundo quizá no sea tan famoso. Yo lo conocí como personaje de ficción, en una novela histórica, sin saber que fue una persona real y un historiador importante de su época. Nos situamos, pues, entre finales del siglo XIII y principios del XIV. En plena Edad Media, entre España y Francia.

El Arcipreste de Hita es un personaje un poco misterioso, puesto que, prácticamente, lo único fiable que aparece en las búsquedas de Internet es su nombre, Juan Ruiz, y su título eclesiástico. Parece ser que nació alrededor de 1283 y su nombre aparece por última vez en un escrito de 1351. Su primera y última obra es el Libro del buen amor, escrito entre 1330 y 1343. La fecha exacta no se puede afirmar del todo, puesto que el extenso libro parece haberse escrito en varios fragmentos, en un lapso amplio de tiempo. En cuanto a la biografía del Arcipreste, se mezcla un poco la verdad con la leyenda. Se dice que su padre fue el caballero Cisneros, que combatió en la guerra de Granada y que estuvo preso más de veinte años. Tras el cautiverio, su padre se casó con una cristiana y tuvo seis hijos. Se dice que pasó sus primeros años en tierras musulmanas y que después se trasladó a Castilla, bajo la protección de su tío, el obispo de Sigüenza. Recibió una buena formación por parte de la escuela de Toledo y del ambiente clerical. Posteriormente, accedió al cargo eclesiástico. El Libro del buen amor se encuadra, de manera general, dentro del mester de clerecía. Sin embargo, por su temática, no tiene características comunes con ninguna obra anterior de la Edad Media. Este libro, sumamente importante para la literatura española, está escrito en verso y compuesto por 1700 estrofas. Su tema es una especie de autobiografía ficticia, en la que el autor cuenta sus andanzas en busca del amor pleno. Cuenta cada anécdota a modo de enseñanza o advertencia para el lector, para que siga la senda del buen amor.

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Bernardo Gui

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Es muy probable que ambos personajes históricos no se conocieran jamás. Quizá, al pertenecer los dos a la Iglesia y desempeñar trabajos para la misma, supieran de su existencia. Sin embargo, es curioso comparar su producción literaria y ver que, a pesar de ser prácticamente coetáneos, sus escritos no tienen características comunes.

Autores coetáneos I – Introducción a esta sección

Esta entrada es a modo de presentación de una nueva sección del blog. «Autores coetáneos» serán publicaciones mensuales, en las que hablaré sobre el contexto histórico, social y cultural de algunos autores conocidos, relacionándolos entre sí. Me explico: cuando estudiaba literatura y tenía que aprenderme nombres de escritores famosos y sus obras, no era consciente de que esas personas se movían en una sociedad en la que ocurrían muchas más cosas que, a su vez, los influenciaban a ellos y a sus obras. Incluso, no era consciente de que muchos de esos autores que yo me estudiaba de forma aislada, coexistieron durante algunos años, algunos se conocían y otros eran amigos. Y lo mismo ocurre con autores de otras ramas del arte: la pintura, la escultura, la música, etc. Nombres que pertenecen a la cultura general pero que, en ningún momento, se me pasaba por la cabeza que pudieran tener relación alguna. Ni ellos, de manera personal, ni que sus obras fueran comparadas o convivieran durante la misma época.

Lorca y Dalí

Austen y Brönte

Lope de Vega y Cervantes

Bécquer y Rosalía de Castro

Virginia Woolf y Emilia Pardo Bazán

Dante y Don Juan Manuel

Con el tiempo, caí en la cuenta de ese hecho curioso y no podía entender cómo es que no lo había pensado antes. Al haber estudiado autores en asignaturas (o temarios) divididos, nunca me había planteado estudiarlos como un todo. Quizá hubiera sido hasta más fácil comprender los diferentes movimientos culturales que se han ido dando a lo largo de la historia.

Pues bien, de esta revelación que tuve hace algunas lunas, ha nacido esta sección. Mi objetivo es dar a conocer parejas de autores, nacionales o internacionales, que dejaron el legado de sus obras a la vez, o con pocos años de diferencia. Personalmente, va a ayudarme a aprender mucho, pero si además puede servir para satisfacer la curiosidad de alguien más, estaré encantada de aportar cada mes un trocito de esta cuestión tan interesante para mí.