Reseñas de traducciones LII – «La muerte de Iván Ilich»

León Tolstói, La muerte de Iván Ilich (Smert’ Ivana Il’icha); traducción del ruso realizada por Alaric Dukass, Barcelona, Plutón, 2017, (Eterna), 126 pp., ISBN 978-84-17079-08-6

La muerte de Iván Ilich es considerada una de las mejores novelas cortas de Tolstói (1828-1910). Fue publicada en 1886 y muy cuestionada, por la manera en que se adentra en la muerte y el sentido de la vida. Tolstói es a día de hoy un referente de la literatura rusa y sus obras son conocidas mundialmente. ¿Quién no ha oído hablar de Anna Karenina o de Guerra y paz? En cuanto a su vida personal, me ha sorprendido el hecho de que naciera noble y acabara proclamando el desapego a lo material y excomulgado de la iglesia ortodoxa. Rechazó a la institución acusándola de estar demasiado ligada al Estado y se centró en vivir las enseñanzas básicas de Jesús de Nazaret. También defendió el anarquismo y la libertad personal.

La edición que reseño aquí contiene La muerte de Iván Ilich y otros tres relatos: Los tres ermitaños, Tres muertes y El ahijado. Aunque voy a dar mi opinión de todos, el peso de la reseña caerá sobre el primero (y el que le da nombre) por la marca que me ha dejado.

Edición, traducción y estructura de la obra

No es la primera obra que tengo de esta colección de Plutón y todas tienen una estructura similar: el estudio preliminar del autor, un brevísimo análisis de La muerte de Iván Ilich, seguido de los relatos, y al final un índice. A pesar de la corta extensión de los relatos, me habría gustado que aparecieran también unas líneas analizándolos, como se hace con el protagonizado por Iván Ilich. Creo que no vendrían mal para entenderlos mejor.

El traductor, Alaric Dukass, cuenta con doce obras traducidas registradas en el catálogo de la BNE, eso sí, todas para Plutón. En un análisis de las traducciones de Crimen y castigo (Dostoievski) realizado por Unico, se presenta a Dukass como uno de los traductores de dicha obra que traducen directamente del ruso. Por lo que doy por hecho que a Tolstói también lo habrá traducido desde la lengua original. Y recalco que lo doy por hecho, porque en los datos de la edición no aportan ese en particular. Puesto que no sé ruso y, aunque pudiera acceder al original, sería incapaz de leerlo, no puedo criticar aspectos concretos de la traducción. Voy a centrarme, entonces, en la limpieza y fluidez del texto en español. Se lee bien y los diálogos tienen ese aire de época, así que no es difícil para el lector entrar en su atmósfera. No he encontrado ninguna expresión que me escueza o que me suene a chino (a ruso, más bien). Sin embargo, el texto no está pulido. Me he topado con bastantes erratas y con ausencias de palabras necesarias para que las frases tuvieran sentido. Se nota a leguas que le hace falta una buena corrección final. No es la primera vez que veo algo parecido en esta editorial y me da pena, porque su catálogo es interesante.

Opinión

En cuanto a La muerte de Iván Ilich, narra los últimos días del juez Iván Ilich, hasta su muerte, en la Rusia del siglo XIX. Aunque pusiera el adjetivo «intenso» en el mayor grado superlativo que existe, no conseguiría trasmitir del todo lo penetrante que ha sido esta historia para mí. Toca uno de los temas que me resultan más complicados de gestionar: el análisis de la muerte. ¿Qué hay después? ¿Ya no existimos? ¿Qué pensamos o sentimos cuando dejamos de existir? Es algo que me perturba desde que tengo uso de razón y sobre lo que no consigo reflexionar sin que me invada la angustia. Y así ha sido la lectura de esta novela corta: un río de angustia. Porque analiza la muerte desde dentro, milímetro a milímetro; el lector está en el interior de la cabeza de Iván Ilich y se plantea con él el sentido de su vida, sufre sus dolores y lucha contra sus temores.

Reconozco que me ha costado llegar hasta el final, pero no precisamente porque no me gustase. Todo lo contrario. Del mismo modo en que agonizo con este tema, soy masoquista. Me gusta reflexionar e indagar sobre él. Y Tolstói me ha regalado un trocito de lucidez. Me ha aportado mucho y estoy segura de que voy a recordar esta historia durante años y, si la olvido, la releeré. Me ha dejado marcada.

En cuanto a los otros tres relatos, también tienen a la muerte y al sentido de la vida como protagonistas, pero de una forma más suave y manejable (al menos para mí). Aun así, son confusos y con mayor trasfondo del que aparentan. Destaco sobre todo el de Las tres muertes, en el que la tercera prácticamente pasa desapercibida, por estar contada de una forma casi metafórica. Ese ha sido mi favorito. El que menos me ha gustado ha sido Los tres ermitaños, donde se cuestiona la práctica de la fe y el servicio a Dios. El ahijado es quizá el que tiene la enseñanza moral más a la vista de todos.

La verdad es que el autor me ha sorprendido para bien. Quería probar con él antes de embarcarme en Anna Karenina y ahora estoy segura de que acerté con mi decisión. Al menos ya sé a qué intensidad me enfrento y entiendo un poco mejor la forma de ver el mundo que tenía Tolstói. Una mente compleja, que se cuestionaba absolutamente todo.

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