Reseñas de traducciones XXVII – «El fantasma de Canterville»

Oscar Wilde, El fantasma de Canterville (The Canterville ghost); traducción del inglés realizada por traductor desconocido, Polonia, Amazon Fulfillment, 2018, 36 pp., ISBN 978-1537206776

Imagen: Amazon

No hace falta introducir al gran Oscar Wilde pero, por si acaso, os dejo el enlace a la reseña de El retrato de Dorian Gray en la que hablo del autor. El fantasma de Canterville se publicó en 1887 y es una de sus obras más conocidas, que suele publicarse en colecciones junto con otros cuentos de Wilde. Se trata de una crítica social poco encubierta, en forma de relato. Aviso de que la reseña tiene algún spoiler (no del final), ya que se trata de un cuento muy cortito y es imposible no destripar nada.

Argumento: «Una sofisticada familia norteamericana, los Otis, compra el añejo castillo inglés de los Canterville. El anciano dueño les habla entonces de que en la mansión habita desde tiempos inmemoriales el colérico fantasma de lord Simon Canterville, que mató a su esposa y cuyo cuerpo desapareció después misteriosamente. Lejos de amedrentarse, los inquilinos compran el casillo con fantasma incluido y acaban sometiendo al pobre espectro anacrónico, que termina siendo juguete y víctima de los dos niños terribles de la familia».

La edición es de tapa blanda y pertenece a este grupo de auto-publicaciones malas que consisten en imprimir directamente un documento de Word, sin revisar ni corregir. El interior es pasable, si tenemos en cuenta que el precio estaba tirado. Los inicios de capítulo están marcados y bien organizados. Tiene erratas y la traducción es muy mejorable. De hecho, ni siquiera se han dignado a poner el nombre de la traductora o traductor (hecho que me parece una desfachatez). La próxima vez estaré más atenta a los comentarios antes de comprar algún libro de este estilo. En español hay hasta ochenta y cinco ediciones publicadas de El fantasma de Canterville, sumando las veces que aparece en colecciones con otros cuentos o de manera independiente. No sé qué me pasa con Oscar Wilde, que las dos obras que he leído suyas han sido en ediciones malas. Creo que le debo una a este señor.

Aparte del tema editorial, tengo que decir que la obra es magnífica. Me ha gustado más que El retrato de Dorian Gray. El autor consigue parodiar los relatos de terror y, a la vez, criticar la sociedad de finales del siglo XIX con una maestría y sarcasmo indiscutibles. Los dos temas que ataca son claros: la superficialidad y el materialismo; dos características que posee la familia Otis y que terminan por aburrir al pobre fantasma. Los nuevos inquilinos del castillo se toman a broma los intentos de lord Simon para asustarlos, llegando a recomendarle engrasante de cadenas. Todo el mundo debería leer algo de este escritor, de verdad. Con este cuento, Oscar Wilde me ha hecho reír y también pensar. Ya que, si al autor le parecía superficial la sociedad victoriana, no me quiero imaginar lo que pensaría si levantara ahora la cabeza y se diera una vuelta por el siglo XXI.

Reseñas de traducciones XXVI – «La villa de las telas»

Anne Jacobs, La villa de las telas (Die Tuchvilla); traducción del alemán realizada por Marta Mabres Vicens, Barcelona, Plaza & Janés, 2018, 621 pp., ISBN 978-84-01-02052-0

La villa de las telas es la primera parte de una saga que ya tiene publicados dos libros más: Las hijas de la villa de las telas y El legado de la villa de las telas. Anne Jacobs es una escritora alemana que dejó su trabajo como profesora de secundaria para dedicarse a su pasión. Ha publicado algunas obras bajo seudónimo, pero se ha hecho mundialmente conocida gracias a esta historia. La villa de las telas es una saga familiar, con intrigas y romanticismo. La venden también como novela histórica, pero la verdad es que yo no he visto la historia por ningún sitio (más allá de que sabemos que está ambientada en la Alemania imperial de principios del siglo XX).

Argumento: «Una mansión. Una poderosa familia. Un oscuro secreto. Ausburgo, 1913. La joven Marie entra a trabajar en la cocina de la impresionante villa de los Melzer, una rica familia dedicada a la industria textil. Mientras Marie, una chica proveniente de un orfanato, lucha por hacerse un sitio entre los criados, los Melzer esperan con ansia el comienzo de la nueva temporada invernal de baile, cuando se presentará en sociedad su bella hija Katharina. Solo Paul, el heredero, permanece ajeno al bullicio, pues prefiere su vida de estudiante en Múnich. Hasta que conoce a Marie».

La primera edición de esta novela fue en 2014, en Múnich. En España, Plaza & Janés la publicó en el año 2018, imagino que con el anuncio de que la autora iba a sacar la tercera parte al año siguiente y gracias al éxito en su país. La edición que yo tengo es la reimpresión número diecinueve. Es de tapa blanda, pero de las resistentes, no de cartón. La imagen de la cubierta es muy evocadora e invernal. La obra está dividida en siete partes, cada una de ellas con un número diferente de capítulos. La longitud de estos varía, pero no son excesivamente largos. La traducción está realizada por Marta Mabres Vicens y está muy bien hecha. Ha conseguido un texto en español fluido, algo complicado si el original está en alemán. No he notado estructuras forzadas y el vocabulario y las expresiones están adecuados a la época en la que tiene lugar la novela. Esta traductora de alemán e inglés también ha traducido obras como El poder de las sombras (Lauren Kate, 2011); Renacer (Claudia Gray, 2011); La luz de Shambala (Peinkofer, 2012) o El ladrón de café (Tom Hillenbrand, 2016).

Los cuatro primeros capítulos los leí del tirón y muy rápido; me parecieron amenos y sencillos. Son introductorios pero me dieron buena impresión por la velocidad de la narración. En ellos vemos la presentación de la mayoría de personajes y escenarios. Sin embargo, poco a poco, el ritmo se vuelve cada vez más lento. Hasta el punto de que empecé a leer otros libros porque me sentía estancada con esta lectura. La cuestión es que la historia es interesante, se trata una buena saga familiar y siempre me gustan estas novelas. El problema está en que la autora introduce demasiadas historias paralelas al nudo principal. Me parece bien que haya sub-tramas si, a fin de cuentas, aportan detalles o ayudan algo a que se solucione el hilo central. Pero este no es el caso. A lo largo de sus seiscientas páginas vas leyendo cosas que no tienen nada que ver y tampoco aportan nada. Me da la sensación de que son puro relleno, cosa que no veo necesaria ya que, repito, la historia es buena. Creo que con menos páginas habría quedado perfecta.

Como conclusión, la recomiendo si te gustan las intrigas familiares pero sabiendo que vas a enfrentarte a un libro lento como un caracol. No sé si leeré la segunda y tercera parte, ya que el final ha quedado bastante cerradito (punto a favor). Quizá el año que viene me anime y continúe con estos Melzer a los que, tras tantos días en mi mesita, les he acabado cogiendo cariño.

Reseñas de originales XVIII – «Cartas a Bruno», primera novela de Paloma Castizo

Paloma Castizo, Cartas a Bruno; Amazon Kindle Direct Publishing, Independiente, 2020, 196 pp., ISBN 978-84-09-17614-4

Cartas a Bruno es la primera novela de Paloma Castizo. Conocí a la autora gracias bookstragram, la comunidad lectora de Instagram. Es una apasionada de los libros y tiene una cuenta (@mrsquijota, por si queréis echarle un ojo) en la que habla de sus lecturas y hace reseñas. Si visitamos su perfil, nos damos cuenta por sus publicaciones de que lo suyo es el thriller y, precisamente, en este género es donde se encuadra su libro. Se trata de una obra de auténtico suspense, en la que nada es lo que parece. Aquí tenéis el argumento:

«Una huida. Un viaje. Un motivo olvidado que la ha llevado hasta el recóndito pueblecito de Portrush, al norte de Irlanda. Una cadena de misteriosas cartas y sucesos siniestros tambalearán su realidad, obligándola a buscar una escapatoria. Un final que ya estaba escrito. ¿Qué ha ocurrido con la señorita Lain?»

Como he apuntado en los datos técnicos, es una obra de autopublicación en la plataforma de Amazon. Es de tapa blanda y la ilustración de la cubierta, obra de Israel López, muestra muy bien la línea que sigue la novela. Es sencilla pero muy acorde. La estructura interna del libro consta de un prólogo, veinticinco capítulos, el anexo y el epílogo. Tiene algo menos de doscientas páginas que pasan volando. Reconozco que el suspense no es mi género habitual y, cuando leo algo de este estilo de vez en cuando, son obras bastante light: suspense mezclado con historia, con fantasía… Pero Cartas a Bruno es suspense de verdad, del que te pone los pelos de punta. Y, a pesar de todo lo dicho en las líneas de arriba, no he podido despegarme del libro. Me ha enganchado muchísimo, necesitaba saber qué era lo que estaba pasando realmente.

Durante la lectura, iba creando posibles teorías que se desmoronaban en las siguientes páginas. Solo en las últimas hojas es cuando se revelan los detalles que te hacen dar en el clavo. Todo lo anterior es un nudo misterioso, lleno de situaciones siniestras. El final también me ha gustado, creo que la autora ha sabido construirlo bien. Pero, sin duda, lo que en mi opinión se lleva la máxima puntuación es el ambiente. En el género de suspense es fundamental crear espacios llenos de intriga y desconfianza, cosa que en este libro está muy bien conseguido. Te conviertes en la protagonista y empiezas a sentirte insegura en todos los escenarios que aparecen. Los sucesos que van ocurriendo generan en el lector una ansiedad que no le permite soltar el libro hasta que lo termina. Sin duda, lo recomiendo a todos los amantes del thriller, creo que merece la pena. Y también, por qué no, a los que como yo no son tan asiduos a leer este tipo de obras. No es muy extenso, así que es perfecto para desconectar de otros géneros o de novelas más densas. Además, es tan adictivo que pienso que sacaría de un bloqueo lector a cualquiera.

Dos días en Jaén – Enero, 2020

La ciudad de Jaén, capital de la provincia homónima, es una localidad preciosa situada al norte de Andalucía. No es muy grande, así que es perfecta para una escapada de dos o tres días. Para visitar los monumentos y las calles principales, no es necesario el coche; la mejor opción es caminar y poder pararse en cada una de las iglesias que encuentras, cada callejón y cada fuente. Además, las calles son bastante estrechas y empinadas, lo que dificulta un poco conducir. Sin embargo, para subir a ver el Castillo de Santa Catalina, sí que hay que tener un vehículo. El camino puede hacerse andando, pero se tardarían alrededor de cincuenta minutos desde el centro (sobra decir que es todo cuesta arriba). Nosotros teníamos el hotel en el casco histórico, así que dejamos el coche en una calle más alejada de esa zona, para evitar el caos de aparcar en pleno centro. Nos alojamos en el Hotel Xauen, con una muy buena relación calidad-precio. La localización es estupenda (Plaza Dean Mazas) y dispone de una terraza-mirador con unas vistas espectaculares. Después de instalarnos y situarnos en el mapa, decidimos qué zonas visitar cada día.

Día 1

Lo primero que hicimos fue ir a la catedral; la teníamos muy cerca y el edificio es tan imponente, que resulta imposible no acercarse a echarle un vistazo. Vimos solo la parte de atrás y entramos a la cripta. En esta zona hay un jardincito, con algunos bancos y muchos árboles, en el que se puede disfrutar de una panorámica de la zona. Continuamos por una de las calles principales (o al menos para mí): la calle Bernabé Soriano. ¡Me he enamorado de ella! Siempre hay gente, da igual la hora, y está llena de cafeterías y bares, tiendas y escaparates curiosos. Si se baja por completo, con la vista hacia atrás se puede observar una postal espectacular de la catedral con el gran cerro detrás.

Después, paseamos por toda la zona de San Ildefonso: vimos la basílica, cuyos laterales me sorprendieron mucho, ya que en los muros exteriores había incrustadas grandes imágenes religiosas. Muy cerca de la basílica están el convento de Las Bernardas y la Puerta del Ángel. Desde ese arco, puede verse la entrada del Parque Alameda de Adolfo Suárez. Es un jardín precioso, enmarcado por la plaza de toros y el auditorio de la ciudad. También tiene un mirador, desde el que se ven las montañas jienenses, y «El olivo de Jaén». Un sitio muy agradable para pasear, sin duda. Jaén tiene varios parques, pero yo me quedo con este por ser el que está en mejor estado.

Una vez que llegamos al final y rodeamos el auditorio, decidimos buscar algún sitio para comer. Ya habíamos buscado e investigado en foros de viajes para saber cuáles eran los mejores bares y más económicos, de modo que ya teníamos algunos nombres que nos interesaban. De forma casual, nos encontramos con uno de ellos: El Cruce. Es un bar pequeñito pero con una terraza considerable. A pesar de estar en enero, no pasamos frío puesto que escogimos una mesa en la que daba el sol de pleno. Como en todos los sitios de Jaén, cada vez que pides una bebida, viene con tapa. La tapa la elige la casa, no el cliente. Si sois de buen comer no hay problema. Pero si sois algo más delicados, quizá pueda ser engorroso. De todas formas, siempre podéis pedir un plato de la carta. Recomiendo El Cruce porque las tapas, así como las raciones, son grandes y se come muy bien. En cuanto al precio, está en la media, unos diez euros por persona.

En torno a las 15:30 nos dirigimos en coche hacia el cerro, para visitar el Castillo de Santa Catalina. Podría decirse que es el monumento emblemático de la ciudad. Puede verse desde cualquier punto, así como la cruz que corona dicho cerro. Pero antes, hicimos una breve parada en un paraje recreativo, un bosque muy bonito donde se puede apreciar la vegetación de esa zona de montaña. Después, dejamos el coche en el primer aparcamiento y subimos andando hasta la fortaleza. Reconozco que el camino hacia arriba cansa, pero merece la pena por todo lo verde que vas viendo a tu alrededor. Guardo imágenes muy bonitas. Cuando llegas, merece la pena. El Castillo de Santa Catalina ha pasado por manos musulmanas, cristianas y hasta napoleónicas. A día de hoy, se conserva en muy buen estado y la organización de la visita no tiene puntos negativos.

La entrada cuesta 3,50 € y en la taquilla te explican cómo hay que hacer el recorrido. Aunque la visita es libre, gracias a estas indicaciones te fijas más en los detalles para no perderte nada. Cada una de las torres tiene algo interesante, desde salones nobles hasta cárceles u hospitales franceses. Pueden verse incluso las letrinas de la época. Sin embargo, lo más espectacular son las vistas. Desde la torre más alta, pueden verse los otros pueblos de la provincia de Jaén, las sierras colindantes, la campiña cordobesa y el antiguo camino hacia Granada. La ciudad se percibe como si fuera una maqueta. Asomarse desde ese muro deja a una sin aliento. Al salir del castillo, se puede caminar hasta la Cruz, donde hay otro mirador desde el que apreciar todo Jaén.

Una vez terminada la visita al castillo, ya de vuelta en el centro, merendamos en un sitio muy especial para mí: Entre cuentos y café. No tenía ni idea de que existía esta cafetería literaria allí. Es un lugar lleno de colores y libros; tiene páginas de cuentos enmarcadas, murales de Alicia en el país de las maravillas y además se comen unos churros con chocolate exquisitos. Si vais, entrad aunque solo sea para un café y poder ver cómo está decorado. Al final de la tarde, seguimos paseando por los alrededores de la catedral; me sorprendió lo empinadas que están la mayoría de las calles y lo estrechas que pueden llegar a ser. Como colofón, cenamos pizza en la Pizzería Da Ernesto, una buena opción si os gusta la cocina italiana. No es muy caro y la comida está bastante bien.

Día 2

El domingo nos levantamos dispuestos a ver todo lo que nos quedaba. Nos dirigimos a la oficina de turismo y, muy amablemente, nos indicaron cuál era la mejor ruta a pie para verlo todo y no dejarnos nada  atrás. Por la calle Maestra y la siguiente, Martínez de Aguilar, es el camino más adecuado para llegar al Palacio de Villardompardo.

Construido en el siglo XVI sobre unos baños árabes, hoy se ha convertido en un centro cultural, un museo de artes y costumbres lleno de exposiciones con pinturas, esculturas, utensilios antiguos y maquetas de épocas pasadas. Es otro de los lugares que no te puedes perder de la ciudad; hay que reservar un par de horitas para visitarlo tranquilamente. Y lo mejor de todo: la entrada es gratis. El edificio tiene varias plantas y la recepción está en la del medio, así que recomiendo bajar hasta el sótano y empezar el recorrido desde abajo para así poder verlo todo. Como he dicho antes, en los cimientos se encuentran los Baños Árabes, que resultan ser los más grandes de España. Me sorprendió ver lo bien conservados que están.

Pueden visitarse las tres salas: fría, caliente y templada; además, hay una sala con el suelo de cristal donde se pueden apreciar muchos restos de otras dependencias. En las plantas superiores, con salas organizadas por temáticas, se pueden ver en primera fila instrumentos antiguos de labranza, del cultivo del olivo, panificadoras, vehículos, trajes típicos de la zona en la Edad Media, juguetes y material de escritura y lectura. Eso sí, hay que ir siguiendo el orden de las salas y con cuidado de no saltarse ninguna, ya que hay muchas. En más de una ocasión, tuvimos que volver sobre nuestros pasos para comprobar si habíamos visto o no alguna de ellas. Cuando salimos del palacio, continuamos por la misma calle que nos habían indicado en la oficina de turismo y llegamos hasta la zona de La Magdalena. Allí puede contemplarse el famoso lagarto en la fuente, en homenaje a la antigua leyenda del lagarto gigante (un dragón, más bien) que aterrorizó a los habitantes de Jaén en el siglo XV. Unos pasos más y llegamos a la Iglesia de la Magdalena, situada a pocos metros del Hospital San Juan de Dios y el convento de Santa Úrsula.

Después, continuamos recorriendo las calles de alrededor para llegar hasta La Judería. Yo tenía especial interés en esta zona e iba con las expectativas muy altas, así que, como suele pasar siempre en estos casos, quedé un poco decepcionada. El barrio no era lo que yo esperaba; se trata de un conjunto de calles muy estrechas y laberínticas, llenas de pintadas. Los únicos resquicios del barrio judío de antaño son el candelabro y la Plaza de los Huérfanos. Al volver al centro, vimos de pasada el mercado de abastos, que también me habría gustado visitar pero era domingo y estaba cerrado.

El lugar elegido para nuestra última comida jienense fue el bar Del Posito. Es una pequeña tapería situada en una plaza muy acogedora. Mi opinión es la misma que la de los demás sitios: todo genial. La comida muy buena y el precio súper asequible. La verdad es que le pongo un diez a la hostelería y restauración de esta ciudad. Siempre encuentras sitio en cualquier bar, los trabajadores son amables y serviciales y la comida, deliciosa. Para terminar, decidimos caminar por todo el Paseo de la Estación, una avenida enorme, hasta llegar a otro parque. Por el camino, vimos los dos museos: el Municipal y el Íbero, que han sido mis dos grandes pendientes a causa de los horarios. Sin duda, tengo que volver a Jaén para visitarlos. También pasamos justo por el lado del centro comercial y del Parque de la Concordia, un lugar ideal para descansar y sentarse en un banco al solecito. Justo al final de la avenida, se encuentra la Plaza de Jaén por la Paz y el Parque Bulevar Juan Pablo II. Para tratarse del parque más grande de la ciudad, está bastante deteriorado. La zona está construida en tres niveles diferentes, tiene una parte infantil, un mirador y un bar con terraza. Pero la verdad es que no está muy cuidado y no resulta vistoso.

En nuestro camino de vuelta al coche, para despedirnos en condiciones de esta maravillosa ciudad, hicimos una parada en la Cafetería La Vida. Es un rinconcito con unas tartas riquísimas y una pared llena de estanterías para intercambiar libros. Me pareció una bonita manera de decirle adiós a Jaén y volver a casa con un buen sabor de boca y, sin duda, sorprendida. La capital jienense es un lugar que merece mucho la pena y creo que está algo olvidada con respecto a las demás capitales andaluzas. Nuestra tierra tiene una belleza particular y está llena de cultura, así que debemos visitar todos y cada uno de sus rincones. Gracias, Jaén. ¡Volveremos!

Reseñas de traducciones XXV – «La metamorfosis», primer contacto con el universo kafkiano

Franz Kafka, La metamorfosis (Die Verwandlung); traducción del alemán, realizada por [¿?], Madrid, La Factoría de Ideas, 2014, (Clásicos digitales), 60 pp., ASIN B00UZ2PLI4

La metamorfosis es, quizá, la obra más conocida de Franz Kafka (1883-1924). Es casi seguro que este autor nos suene a todos, pero creo que no todo el mundo conoce su manera de escribir y sus mundos surrealistas (conocidos a nivel general como «universo kafkiano»). La mayoría de sus libros fueron publicados de manera póstuma, gracias a su amigo Max Brod, el mismo al que Kafka hizo prometer que destruiría toda su producción literaria. Por suerte, no le hizo mucho caso. Sus otras obras importantes son El proceso y El castillo. La metamorfosis, además de por su contenido, es famosa por la controversia de la traducción de su título. Hay personas que afirman que el término correcto no sería «metamorfosis», sino «transformación». Pero sobre esta polémica se puede hablar largo y tendido, así que le dedicaré una entrada en la sección de traducción literaria. Los temas que trata esta novela corta, así como sus interpretaciones, son múltiples; creo que cada lector saca sus propias conclusiones después de leerla. Os dejo aquí la sinopsis:

«Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en la cama transformado en un insecto monstruoso. Estaba acostado sobre su espalda, que era dura, como acorazada, y levantando un poco la cabeza pudo ver su vientre convexo, color pardo, dividido por unos arcos rígidos; la manta había resbalado sobre esa superficie y solo una punta lo cubría todavía. Sus patas numerosas, de una delgadez lamentable en relación con el volumen del cuerpo, se agitaban frente a sus ojos».

He leído el libro en formato digital. La edición que escogí fue la de La Factoría de Ideas porque era la que tenía mejores críticas. Dichas críticas decían que era un cómic, una especie de novela gráfica que yo no vi por ningún sitio. Cuando me lo descargué desde Amazon tenía la apariencia de una novela narrada al uso. No tengo mucha queja sobre la edición, ya que estaba bien pulida y libre de erratas. Sin embargo, no he podido averiguar quién la ha traducido o de dónde han sacado la traducción. No aparece en la portadilla y tampoco en los créditos. Imagino que no será una traducción actual (por algunas expresiones que me he encontrado), pero podrían haber especificado la autora o autor de la misma. Aun así, hay registradas hasta 141 ediciones en español; en el caso de que conozcáis alguna buena (en físico), me gustaría que me lo dijerais en los comentarios, porque es un libro que quiero tener en mi estantería. La obra consta de tres partes, sin subdivisiones internas, y está narrada en tercera persona desde un punto de vista omnisciente.

En cuanto a mi opinión personal, la obra me ha gustado y me ha impresionado. No quiero hacer spoilers, así que voy a tratar de decir lo que quiero decir, sin estropearle la historia a nadie. Conocía este título desde hacía años y habré leído su sinopsis millones de veces, pero nunca lo había leído. Ahora que lo he hecho, debo reconocer que tampoco sabía que la historia fuese por ese camino. Me ha sorprendido mucho; La metamorfosis deja huella. Como he dicho en la introducción, tiene diferentes interpretaciones y cada lector hará la suya. Se ha llegado a decir que tiene algo de autobiográfico, por la relación de Kafka con su padre; o que su tema central es la crítica a la sociedad autoritaria moderna. Yo me quedo con la sensación de agonía, ansiedad y lástima que me ha transmitido. Consigue que vivas la situación de Gregorio en primera persona, que veas el mundo que lo rodea desde sus ojos de insecto. Creo que refleja perfectamente los problemas de la incomunicación, el trabajo excesivo y el egoísmo de la sociedad. Y esto último es, para mí, lo más importante. Lo egoístas que somos. Como ponemos nuestro bienestar por encima de cualquiera (aunque sea de nuestra familia). Como nos deshacemos de lo que/quien ya no nos sirve, utilizando las excusas que sean necesarias para sentirnos mejor.

Ha sido mi primera lectura del año y estoy segura de que aparecerá entre las diez mejores cuando termine el 2020. Obra recomendada para quien, como yo, todavía no lo haya leído. Y si ya lo has leído, reléelo, porque seguro que sacas otro sentido diferente a cuando lo leíste la primera vez.

Reseñas de originales XVI – «Cuentos medicina para sanar el alma»

Myriam Aram, Cuentos medicina para sanar el alma; Madrid, autopublicación, 2017, 277 pp., ISBN 978-84-617-9749-3

Cuentos medicina para sanar el alma es una obra escrita por la madrileña Myriam Aram. Además de escritora, se define como viajera, canalizadora y sanadora de energía. Tiene otro libro publicado: Abecedario de la mujer que sana. Tanto este como el elegido para la reseña de hoy son del mismo estilo. Os dejo por aquí el resumen de Cuentos medicina:

«Es un libro de cuentos y textos que nos hablan de regresar al Camino del Corazón. Aquí encontrarás mujeres pájaro, ancianas sabias, chamanes, brujas y diosas arcanas… y otros personajes que, como tú u como o, se hallan en el desfiladero de sus heridas, la sanación que les hace libres. Sus páginas te ayudan a reencontrarte contigo mismo, a despertar y a recordar Quién Eres. A sanar desde lo más profundo, a sentirte bien, a encontrar ese mensaje que quizás estabas buscando. Pequeñas perlas de sabiduría, vida y belleza».

Desde mi punto de vista, el libro es una maravilla. Se lee rapidísimo, porque son cuentos muy cortitos. No ha habido ni uno solo que me haya dejado indiferente; todos tienen un mensaje del que aprender. Te animan a ser consciente, a agradecer lo que tienes y a buscar lo que te falta con paciencia y confianza. La verdad es que solo tengo palabras buenas. Creo que ha sido la elección perfecta para terminar mi 2019. Me he sentido identificada con muchos de los cuentos. Hablan de las fases de la vida, del ciclo menstrual, de los elementos de la naturaleza… Sus historias me han aportado fuerza para continuar por el camino que iba: buscar mi equilibrio, el que me hace feliz a mí. Se lo recomiendo a todo el mundo. Eso sí, es un libro para leer, pero también para sentir. No sirve de nada si no reflexionas. Pienso que para disfrutarlo debes estar en una etapa despierta y en búsqueda activa de tu paz interior. Aunque pueda leerse sin más, por pura curiosidad, en ese caso los cuentos no causarán el efecto buscado. Por ponerle un punto negativo, diría que está enfocado sobre todo a mujeres, algo que no veo mal en absoluto, sin embargo, se cierra un poco el campo de receptores. Aún así, todo el mundo debería leerlo.

En cuanto al formato, lo he leído en digital así que no puedo opinar sobre el exterior. Está dividido en ocho capítulos, cada uno de ellos relacionado con las cuatro estaciones del año y las siete direcciones: norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y centro. La propia autora explica que está estructurado en forma de rueda, «una rueda medicinal de palabras». Los capítulos no tienen el mismo número de cuentos. Si lo queréis tener en formato físico, podéis hacerlo desde la página web de Myriam para conseguirlo, ya que es una autopublicación. Pero si tenéis Kindle, lo tenéis en el catálogo de Amazon esperándoos con los brazos abiertos.