El mes pasado publiqué una entrada en la que me planteaba esta misma pregunta, pero en todos los ámbitos de la traducción. Si no la habéis leído, os dejo el enlace aquí. Mientras escribía sobre ese tema, me di cuenta de que al llegar a la poesía, tenía mucho más que decir. Así que para que no me quedara una entrada demasiado larga, decidí que iba a dedicarle un jueves a la traducción de la poesía.

Como todo en la vida, no conoces la dificultad de algo hasta que no te enfrentas a ello. Yo me di cuenta de que la poesía era intraducible la primera vez que tuve delante un poema en inglés: un soneto de Shakespeare. Recuerdo que fue durante la carrera, en la asignatura de Traducción Humanística, cuando el profesor decidió dedicar una parte de la materia a la traducción de la poesía. Antes de que nos pusiéramos manos a la obra, nos advirtió de que no había técnicas concretas para traducir poemas. Lo que sí había eran dos opciones: transmitir el sentido o transmitir la forma; conseguir ambas es un reto que a día de hoy, desde mi punto de vista, sigue sin alcanzarse.

Otro aspecto importante es que, para traducir poesía, no tienes que ser solo traductor literario, sino que tienes que ser poeta. No es lo mismo que trasladar un texto en prosa de una novela, un ensayo o un artículo de un periódico. Un poema va más allá que todo eso; transmite sentimientos y pensamientos de manera indirecta, sin decirlo claramente. Es muy difícil llegar a trasladar eso a otro idioma, puesto que el autor del poema original ha transformado y estrujado su lengua para contar lo que quería contar. Mucho significado en muy pocas líneas, con numerosos recursos. Aún así, no todo el mundo tiene la suerte de poder leer en todas las lenguas del mundo. Y es una pena que algunas joyas de la poesía no lleguen a las manos de todos los que quieran leerlas. Por ello, considero que la labor del traductor de poesía es indispensable e incuestionable. Aunque no consiga el mismo texto que el autor original, solo con que haga llegar una parte de la belleza de un poema a los lectores de otra lengua, ya ha merecido totalmente la pena. Animo a todos los traductores del mundo a que sigan traduciendo poemas, decantándose por la opción o técnica con la que trabajen mejor. Que se traduzcan poemas mejor o peor, ¡pero que nunca cesen de ser traducidos!

Hay un breve estudio muy interesante, escrito por Alicia Silvestre Mirales en el 2008, al que tenemos acceso gratuito gracias al Centro Virtual Cervantes. El estudio se titula La traducción poética, un reto posible y en él se pueden leer verdades como: «Es fundamental que el traductor parta de una base realista: no existe la traducción perfecta. La traducción es en esencia una traición a la verdad manifestada y, como tal, no puede reproducir el original. Hemos de saber que, en el mejor de los casos, vamos a tener que sacrificar algo, sea la rima, una aliteración, un doble sentido, el ritmo, o la belleza de una palabra». Desde mi punto de vista, no ha podido explicarlo mejor. Me parece una reflexión perfecta, así que os dejo las palabras de Alicia como un cierre estupendo para la entrada de hoy.