La mujer en la literatura III – Escritoras bajo seudónimo masculino

Cuando se me ocurrió escribir esta entrada, sobre las mujeres que escribieron bajo un seudónimo de hombre, no me imaginaba que hubiera tantas. He encontrado listas inmensas y he tenido que seleccionar las más conocidas o los casos que me han resultado más curiosos. Sobra comentar cuál era el motivo por el que estas escritoras se escondían con seudónimos. En una sociedad machista (no tan lejana como parece), en la que solo los hombres eran dignos de leer y escribir, las mujeres no tenían cabida ni reconocimiento alguno en el ámbito cultural y literario.

Y, al final, resulta que la primera autora de la historia de la literatura fue una mujer; una sacerdotisa de Sumeria, llamada Enheduanna y que vivió en el siglo III a. C. Para no alargar mucho el tema, paso ya a nombrar a algunas de las literatas más importantes de la historia, que firmaban con nombre de hombre.

En primer lugar, no pueden faltar las hermanas Brönte. Emily, Anne y Charlotte dieron a conocer sus grandes obras, consideradas hoy en día como clásicos de la literatura, mediante seudónimos masculinos. Cada una eligió un nombre con la misma inicial que el suyo y mantuvieron la relación familiar, mediante el apellido Bell: Ellis, Acton y Currer. Continuamos con la literatura inglesa para hablar de Jane Austen. Esta gran novelista no firmaba como si fuese un hombre, pero tampoco daba a conocer su verdadera identidad. Se dedicaba a poner simplemente «una dama». Incluso, en la actualidad, existe una autora muy famosa que fue aconsejada a utilizar sus iniciales, para evitar firmar con nombre de mujer. Nada más y nada menos, que la aclamada J. K. Rowling.

Para seguir con las iniciales que ocultan nombres femeninos, está la autora de Mary Poppins, Pamela Lyndon Travers, que firmaba como P. L. Travers. Joan Cooper, creadora de A piece of me, sellaba sus obras con J. California Cooper. Más actual es el caso de la escritora de Cincuenta sombras de Grey, Erika Leonard, cuya firma es E. L. James.

Otros seudónimos importantes son George Eliot, tras el que se escondía Mary Ann Evans (Middlemarch); George Sand, utilizado por Amantine-Lucile Dudevant (Valentine); A. M. Barnard, que era usado por Louisa May Alcott (Mujercitas) para firmar obras pequeñas; y, a título nacional, Fernán Caballero, con el que firmaba Cecilia Böhl de Faber y Larrea (La familia de Alvareda, La hija del sol). Me dejo a algunas en el tintero, pero no quería hacer una entrada demasiado larga. Seguramente, habrá una segunda parte de autoras bajo seudónimos, ya que el tema da para mucho.

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