Autores coetáneos II – El Arcipreste de Hita y Bernardo Gui

Arcipreste de Hita

El primero seguro que os suena a todos; el segundo quizá no sea tan famoso. Yo lo conocí como personaje de ficción, en una novela histórica, sin saber que fue una persona real y un historiador importante de su época. Nos situamos, pues, entre finales del siglo XIII y principios del XIV. En plena Edad Media, entre España y Francia.

El Arcipreste de Hita es un personaje un poco misterioso, puesto que, prácticamente, lo único fiable que aparece en las búsquedas de Internet es su nombre, Juan Ruiz, y su título eclesiástico. Parece ser que nació alrededor de 1283 y su nombre aparece por última vez en un escrito de 1351. Su primera y última obra es el Libro del buen amor, escrito entre 1330 y 1343. La fecha exacta no se puede afirmar del todo, puesto que el extenso libro parece haberse escrito en varios fragmentos, en un lapso amplio de tiempo. En cuanto a la biografía del Arcipreste, se mezcla un poco la verdad con la leyenda. Se dice que su padre fue el caballero Cisneros, que combatió en la guerra de Granada y que estuvo preso más de veinte años. Tras el cautiverio, su padre se casó con una cristiana y tuvo seis hijos. Se dice que pasó sus primeros años en tierras musulmanas y que después se trasladó a Castilla, bajo la protección de su tío, el obispo de Sigüenza. Recibió una buena formación por parte de la escuela de Toledo y del ambiente clerical. Posteriormente, accedió al cargo eclesiástico. El Libro del buen amor se encuadra, de manera general, dentro del mester de clerecía. Sin embargo, por su temática, no tiene características comunes con ninguna obra anterior de la Edad Media. Este libro, sumamente importante para la literatura española, está escrito en verso y compuesto por 1700 estrofas. Su tema es una especie de autobiografía ficticia, en la que el autor cuenta sus andanzas en busca del amor pleno. Cuenta cada anécdota a modo de enseñanza o advertencia para el lector, para que siga la senda del buen amor.

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Bernardo Gui

De manera paralela, un país más al norte, existió el cronista francés Bernardo Gui. La fecha aproximada de su nacimiento es el año 1260 y la de su muerte, 1331. Fue un hombre de la Iglesia, con diferentes cargos, y a principios del siglo XIV fue nombrado Gran Inquisidor de Toulouse. Además de eclesiástico, se dedicó a poner por escrito la historia y alguna que otra guía sobre prácticas de la Inquisición. Como he dicho en la introducción, yo lo conocí en el libro El nombre de la rosa, de Umberto Eco. En él aparece como un personaje con una fe extremista en Dios e intolerante a cualquier práctica que se saliera de la norma de la época. Era el encargado de torturar a los infieles o herejes para sonsacarles la verdad. Obviamente, en el libro es un personaje de ficción y no se puede comprobar si era así realmente. Después me di cuenta de que fue un inquisidor real de la Edad Media y que, además, era un escritor consagrado en cuanto a crónicas se refiere. Algunas de sus obras más importantes son: Flores de crónicas, Crónica de los reyes de Francia, Vidas de santos, Tratado sobre los santos de Limousin o Compilación histórica de la orden de los dominicos.

Es muy probable que ambos personajes históricos no se conocieran jamás. Quizá, al pertenecer los dos a la Iglesia y desempeñar trabajos para la misma, supieran de su existencia. Sin embargo, es curioso comparar su producción literaria y ver que, a pesar de ser prácticamente coetáneos, sus escritos no tienen características comunes.

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