Reseñas de traducciones III – La moraleja de «Las guerras del agua»

Cameron Stracher, Las guerras del agua (The water wars); traducción del inglés realizada por Gema Moraleda, Madrid, Nocturna, 2014, 266 pp., ISBN 978-84-939750-4-3

Imagen: Nocturna Ediciones

Las guerras del agua se publicó en 2011, en Estados Unidos. Llegó a España tres años después, de la mano de Nocturna Ediciones. Es la única novela juvenil de Cameron Stracher que, además de escribir, ejerce de abogado y es profesor en la Escuela de Derecho de Nueva York. Este autor tiene otras obras como The Laws of Return (1996), Double Billig (1998), Dinner with Dad (2007) o, la única de estas traducida al español, Reyes del asfalto (2013). El tema central de la novela es claro: la escasez de agua como horrible consecuencia del cambio climático. A partir de este tema, se desarrollan (y dejan bastante de lado al primero) otros como el poder de la amistad o la valentía.

La novela es una distopía que se desarrolla en un mundo donde impera la sequía; las reservas de agua del planeta están prácticamente agotadas y ahora quien tiene el agua tiene el poder. Así, se describen paisajes áridos y polvorientos, una tierra en la que hay que pagar precios elevados para obtener agua y en la que se imponen multas severas por malgastarla. Los protagonistas son la narradora, Vera, y su hermano, Will. Un día conocen a Kai, un chico que afirma tener mucha agua, incluso se puede permitir malgastarla. Días después, Kai desaparece y Vera y Will deciden ir a buscarlo. A partir de aquí, la historia se centra de manera casi exclusiva en el viaje que emprenden los dos hermanos y en los obstáculos que se encuentran para salvar a su amigo.

Desde mi punto de vista, la novela trata un buen tema, pero aparece mal explotado. Me parece bien que se incluyan tramas paralelas en las historias, que le aporten chispa al nudo central, pero lo que no veo del todo lógico es que el tema principal quede relegado a un segundo plano prácticamente en el tercer capítulo. Es decir, la sinopsis del libro te vende un argumento que no es del todo cierto. He de decir que me decepcionó un poco. La novela es entretenida y se lee muy rápido; es una lectura fresca y bastante amena. Sin embargo, el autor podría haberle dado más importancia al asunto de la sequía, sus causas y consecuencias. Se limita a describir la situación de manera superflua. Es una cuestión interesante y con una gran posibilidad de recursos con los que desarrollar ideas y tramas más ocurrentes que las aventuras de tres adolescentes en apuros. En cuanto a los personajes, apenas se describen y son bastante planos. El autor pone más atención al desarrollo de la historia y se olvida, quizá, de darnos algún que otro detalle que explique cómo son sus protagonistas y nos permita crear algún tipo de vínculo con ellos. Esto, junto con su corta extensión, ha hecho que Las guerras del agua hayan pasado por mis manos sin pena ni gloria. Por otro lado, hay que señalar que gracias a su narración simple y al estilo sencillo, es una novela que se podría recomendar a un público joven, quizá entre los doce y los dieciséis años. Se entiende fácil y se lee rápido; dos características fundamentales para las lecturas de esa edad y que, además, podría funcionar como reclamo para que conocieran un poco más sobre los problemas del cambio climático.

Con respecto a la estética, hay que destacar que la cubierta es preciosa; el contraste entre las gotas de agua y la frase de cabecera «Te morirás de sed» es muy ingenioso. La edición es en tapa blanda con solapas y, en cuanto a la estructura, no contiene índice y su única división son los veintidós capítulos que la componen. Son capítulos cortos y relacionados de manera coherente. Además, tiene un punto a favor que me hace olvidar todos los defectos que pueda tener la trama: el nombre de la traductora aparece en la cubierta. Con una tipografía levemente más pequeña, sí. Pero aparece. Y es algo que se le debe agradecer a la editorial Nocturna, porque no todas le dan al traductor la importancia que se merece. La encargada de traducir la novela en su primera y única edición ha sido Gema Moraleda. Esta editora, traductora y correctora, traduce del inglés, del francés y del italiano al español y al catalán. Otras de sus traducciones son El legado de los Grimm (Polly Shulman, 2012), Júlia i la casa de les criatures perdudes (Ben Hatke, 2016) o Dormir, el mito de las 8 horas (Nick Littlehales, 2017). Su labor en Las guerras del agua ha sido correcta y pulcra. A pesar de que la narradora no utiliza un registro elevado ni un estilo complejo, sí que se trata de un lenguaje con un número considerable de metáforas y adjetivos comparativos, rasgos que en español resultan pesados. Sin embargo, Gema Moraleda ha podido crear un texto ligero sin perder la esencia del original, ya que consigue transmitir al lector de su traducción las mismas imágenes que el texto en inglés. Un ejemplo de lo anterior: «En el exterior, el viento aullaba como si estuviera herido; en el interior, se nos escamaba la piel y los ojos nos escocían. Nuestras lenguas eran como gruesas serpientes dormidas en oscuras grutas».

A modo de conclusión (o, mejor dicho, moraleja), me gustaría señalar que aunque la novela no aprovecha el tema del cambio climático como me gustaría, sí que cumple su función de recordarnos a todos que solo tenemos un planeta. Si no reaccionamos a tiempo, Las guerras del agua dejará de ser una novela distópica para ser una novela realista. Los recursos que tenemos no son infinitos y los estamos agotando. Por desgracia, el agua es nuestro bien más preciado y parece que no nos damos cuenta de que sin ella no sobreviviremos. Cito a Barack Obama: «Somos la primera generación que siente el impacto del cambio climático y la última generación que puede hacer algo al respecto».

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